domingo, mayo 25, 2008


Mitos y Leyendas
Zona Sur.

La laguna de Las Tres Pascualas


Al final del siglo XVIII, tres muchachas llamadas Pascuala iban a lavar ropa a una laguna, como en aquellos tiempos lo hacían casi todas las mujeres pobres de la ciudad. Era realmente un espectáculo pintoresco y lleno de vida el que ofrecían esas hileras de mujeres que en la mañana y en la tarde iban a lavar a la laguna.


Un día llegó hasta la casa de las tres muchachas un forastero en demanda de hospedaje, el que fue acogido gustoso por el padre de las jóvenes.
Todos los días al morir la tarde, regresaba hasta la casa el solitario forastero y miraba a las Pascualas que volvían cantando, al aire sus trenzas rubias y su atado de ropa sobre la cabeza.
El joven se enamoró de las tres hermosas muchachas y cada una, en secreto, le correspondió su amor.


No sabiendo a cuál de ellas elegir como su esposa, en la noche de San Juan les dio cita a las tres en la orilla de la laguna.
A las doce de la noche el forastero remaba, pero desesperado al ver reflejarse en las plateadas aguas a las tres Pascualas, comenzó a llamar: ¡Pascuala...! ¡Pascuala...! ¡Pascuala...! Las tres al sentir su nombre se creyeron elegidas y comenzaron a entrar en las traicioneras aguas.
Desde entonces, en las hermosas y encantadas noches de San Juan, a las doce, se ve un bote y entre el croar de las ranas surge una voz que llama desesperadamente a las mozas.
(Versión de Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).


La piedra de los enamorados


Constitución, entre sus piedras, tiene la Piedra de los Enamorados, roca que atrae a las jóvenes parejas.
La roca muestra en su interior dos perfiles, el del hombre y el de la mujer, consecuencia de un maleficio. Los enamorados fueron convertidos en piedra.
Esta roca tiene propiedades casamenteras. Basta que las parejas pasen bajo su imponente arco, para que se casen antes del año.
Estas parejas tienen numerosa y robusta familia y la felicidad los protege eternamente.
(Versión de Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).

Llacolén

En la Laguna Chica de San Pedro, agua y tierra india, vivía el toqui Galvarino con su hija Llacolén, joven princesa mapuche de belleza indiana. Era de largos cabellos castaños que se los batía el viento cuando corría en medio de la selva o el agua se los distendía al nadar en la laguna.
Era hija predilecta del gran toqui y la estirpe estaba latente en su gracia. Era arrogante su andar y su espíritu pronto a estallar.
El gran toqui un día pensó que la hija debía casarse y entró en conversaciones con el cacique Lonco, que tenía soltero a su hijo Millantú, mozo como de bronce y ancho pecho, que se había distinguido por su valor en varias batallas.


Ascendencia y linaje comprometieron a Llacolén y Millantú.
El orgullo y valentía de Llacolén se sintieron heridos por la elección de su padre, ella mandaba su odio y su amor. Le habría gustado ser elegida y no convenida.Pero ella acató la voluntad de su padre.
Mientras, el invasor era resistido en lo espeso de las selvas, y el choque se hacía violento entre espadas y mazas. La tierra se teñía de sangre de español e indio.
La conquista se hacía recia y el mapuche indomable.
Llacolén veía partir a la guerra a los mocetones por lo espeso de la selva.
Y en medio del bosque, como siempre, iba a nadar largas horas en la laguna. Allí esperaba y soñaba.


Un día fue vista por un apuesto y gallardo capitán español que a las órdenes de don García Hurtado de Mendoza se encontraba en las nuevas tierras.
Vinieron las entrevistas y nació el romance. El amor los empezó a abrasar. Fue un amor que en ambos creció.
En Llacolén había surgido el amor anhelado, distinto de aquel impuesto por la voluntad de su padre y la tradición.
Un día en alas del viento llega la noticia de que Galvarino, en singular combate ha caído prisionero y que el Gobernador García Hurtado de Mendoza había ordenado cortarle las manos para atemorizar a los indómitos hijos de Arauco.


Dicen que Galvarino soportó serenamente el atroz suplicio y aún más, alargó la cabeza al verdugo para que también le fuese cortada.
Una vez terminado el castigo y puesto en libertad, amenazó a sus victimarios y corrió a juntarse con sus compañeros para excitarlos a la venganza. Estos lejos de escarmentar, al poco tiempo les presentaban batalla a los españoles, bajo el mando de Caupolicán y entre los combatientes se encuentra Galvarino, quien durante la lucha se batió valientemente a pesar de faltarle ambas manos, siendo después ahorcado junto con otros aguerridos en los árboles más altos de un bosque vecino al campo de batalla.


La hermosa Llacolén no supo entonces si amar u odiar a todos los invasores. La desazón y la duda la invadían. Con su alma atormentada y en la mayor desesperanza, fue a buscar la tranquilidad que le faltaba, en medio de la selva, junto a la laguna.
La noche descendía con su oscuridad lentamente, como envolviéndola, como escondiéndola, hurtándola de su tragedia.


Y apareció la luna.
La noche y la luna fueron rotas en su silencio de paz, de armonía espiritual. Al galope de su caballo llegó el capitán español, que con palabras de amor y consuelo quería ahuyentar todo pensamiento perturbador de la mente de la joven.
Mientras, Millantú, desesperado, buscaba a su prometida. Guiado por el instinto y la selva, penetró en la espesura del bosque y dio con ella.


Los celos y la traición de Llacolén hicieron presa en Millantú, y obligó al capitán a entrar en violenta lucha. La espada y la maza se cruzaron innumerables veces hasta que heridos de muerte, rodaron sobre la hierba los dos cuerpos sin vida.
La luna se abre paso a través de la maraña espesa y platea con sus rayos las aguas de la laguna.
Trastornada Llacolén busca refugio eterno en las profundas y serenas aguas de la laguna.
(Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).

Cerro Galán


En tiempos de la Colonia un indio esclavo se enamoró de la rubia y bella hija de un encomendero español. Aprovechando el desorden de un malón, la rapta y huye con ella hacia el sur. Trata de atravesar a nado el Río Maule, pero la correntada vence sus fuerzas y lo arrastra río abajo con su amada. El cadáver del indio se enreda en unas matas en la ribera Norte del río, y el de su amada, cogido de la cabellera rubia, flotaba como una bandera.
El indio enamorado se convirtió en un alto cerro, el Cerro Galán, cuya cima siempre está inclinada mirando las profundas y azuladas aguas que arremansan a sus pies. En el fondo, el cuerpo de la doncella se transformó en una viga de oro, que relumbra a las horas de sol. Los mineros han tratado de encontrar la veta de este amor legendario.
(Oreste Plath. Folclor chileno).


Cueva de Quilmo


Los que viajan de Chillán a San Ignacio y viceversa, se encuentran o saben de la Cueva de Quilmo, que cuentan fue hecha con los cachos por el diantre, en una ocasión en que, engañado por un patudo, no podía más con su cólera.
Descubierta la Cueva por los brujos y brujas, comenzaron a celebrar aquí sus aquelarres las noches de los martes y viernes.
Se cuenta que en estas noches hay que abstenerse de pasar frente a la Cueva, si no se desea ser perseguido por enormes zorras, que no son otra cosa que las brujas que toman esta forma.
(Oreste Plath. Folclor chileno).


El Copihue Rojo


El copihue rojo carece de aroma y su estructura es una campana alargada. Se da en colores: rojo, rosado, blanco, y también los hay morados, amarillos, cremas, salmón, blancos, con borde rojo y jaspeados.
Por su color rojo, que más abunda, y la manera en que se descuelga, lo llaman Largo Suspiro, pregón del dolor indígena.
Esta flor nació cuando los mocetones partían a la lucha y pasaban los días, las semanas y los meses sin volver a las reducciones.
En esta espera las jóvenes indias trepaban a los árboles gigantes para alcanzar altura y divisar a los sobrevivientes de la refriega, y descubrían humo y muerte. Entonces descendían llorando, mojando las hojas y estas lágrimas se convirtieron en flor de sangre, que florece para recordar al indio que luchaba hasta morir.
(Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).


Pelluhue


Se sabe que en Pelluhue (lugar de choros, almejas) vivía Curi-Caven (“Espino negro” significa este nombre en mapudungún), un indio pescador, casado con una india que era muy linda y hacendosa. Cierta vez, le nació una hija, a la que llamaron Rayen-Caven (“Flor de Espino”); pero al poco tiempo, la india madre enfermó y murió. El infeliz Curi-Caven casi perdió la razón ante tamaña desventura. Aparte de que idolatraba a su esposa, la pequeñuela quedaba huérfana y desamparada, pues él tenía que salir, noche a noche, a pescar, para procurarse el sustento. Estaba a punto de desesperarse, cuando se le apareció Lafquen-Ghulmen (“Jefe del Mar”), especie de genio marino, quien le prometió cuidar de la criatura hasta que cumpliera los veinte años. "Tú anda a pescar tranquilo. A tu hija no le sucederá nada. Veinte años te la cuidaré. Y, apenas cumpla esa edad, vendré a pedírtela en matrimonio". Por zafarse del atolladero, Curi-Caven aceptó la proposición del genio y la indiecita comenzó a criarse sin ningún inconveniente y el indio a progresar en las faenas de la pesca.


Como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, la indiecita creció esplendorosa como su madre y un indio joven y corpulento, Necul-Ñarqui (“Gato Veloz”), se prendó de ella y quiso casarse. Pero el pescador le negó rotundamente el consentimiento, sin revelarles el grave compromiso que contrajera con Lafquen-Ghulmen; en el fondo de su alma, ansiaba que aquél hubiera olvidado el pacto y que, de este modo, después de cumplir los veinte años, Rayen-Caven tomara por marido al mancebo que pretendía desposarla.


Sin embargo, una semana antes de expirar el plazo, reapareció Lafquen-Ghulmen. “Vengo a recordarte que dentro de seis días tu hija cumplirá veinte años y que me la llevaré para que se case conmigo”, le dijo a Curi-Caven. El pobre pescador creyó morir de pena; llamó a la indiecita y a su novio y les explicó las causas que había tenido para negarles el consentimiento. “He empeñado mi palabra y deberé ser fiel al trato hecho”, terminó, derramando copiosas lágrimas. Necul-Ñarqui juró que defendería a su novia hasta el fin, aun a costa de su propia vida.

Al sexto día, el indio salió a pescar y Rayen-Caven y el novio permanecieron encerrados en la choza, esperando la aparición de Lafquen-Ghulmen. Entonces, principió a desencadenarse un ventarrón tremendo y una sábana de arena a cubrir la aldea. Arreciaba el vendaval y la arena seguía arremolinándose encima de las enclenques chozas. Por espacio de interminables horas, rugió la violencia de la borrasca y, en cuanto el indio se vio libre de las olas furibundas y pudo recalar en la playa, se apresuró a dirigirse a la vivienda de la madre de Necul-Ñarqui, la única que escapó de ser sepultada por el alud, debido a que estaba construida en un montículo. Desde allí, sus ojos contemplaron horrorizados el manto de arena que servía de sudario a la que fuera aldea de Pelluhue y de sepulcro a Raven-Caven y a Necul-Ñarqui, la pareja de enamorados víctimas de la ira del “Jefe del Mar”, el soberbio Lafquen-Ghulmen.


Así desapareció el anterior Pelluhue y con éstos las últimas familias aborígenes que quedaban en aquellos contornos.
(Oreste Plath. Folclor chileno).


La campana de oro hundida en el Río Valdivia

a) Los indios al incautarse del oro en los malones, lo lanzaban a lo más profundo del río con otras muchas joyas de valor inútil para ellos, ya que este metal no les atraía porque le recordaba tan duros trabajos como sufrimientos.
Mucho oro se volcó en las primeras iglesias ricas y opulentas de esta ciudad. Una de las campanas de oro de ellas fue arrojada al río y se encuentra sumergida frente a la isla Teja y son muchos los que la oyen sonar.
b) Una campana de oro está en lo profundo del río Valdivia, frente a la isla Teja, que recuerda una tragedia que pudo suceder durante la destrucción de la ciudad por los indígenas en 1599 o en un incendio acaecido en 1910.
La campana de la iglesia profanada por los indios o las llamas, yace en el fondo del río y sus lúgubres sones se dejan oír en las noches tempestuosas, las tañen los dedos descarnados del fraile que aún la cuida.
c) Un hombre, atraído por los mágicos sones de la campana de oro, dio en situarse todas las tardes, a la puesta del sol, en el sitio donde se le supone ubicada. Al proceder así, lo llevaba la idea de oír mejor los sones de la campana, y si era posible, apoderarse de ella con el propósito de convertirse en hombre rico de la noche a la mañana.
d) Siempre salvé esa parte con toda felicidad. Y muchas veces, a la entrada del sol, llegaban a mis oídos, con toda claridad, los sones de esa campana que tiene que ser de oro por la infinita dulzura de su tono.
e) En las tardes de verano es posible escucharla, a eso de la hora de la oración. Cuando en el río se hace un silencio enorme y solemne, se oyen los sones de una música extraña y dulce. Es la campana de oro que llama a recogimiento a los pobladores misteriosos de la ciudad hundida.
(Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).


Pichi Juan


Pichi Juan es un famoso talador indio de mediana estatura, de tez morena y labios gruesos, de pelo negro y de ojos brillantes, ansiosos de paisajes. Extraordinariamente listo, tal cual el puma.
Conoce todos los vericuetos del bosque y siempre está pronto para sacar de apuros. Muchas veces arrebata vidas a la turbulencia de los ríos.
Pichi Juan, figura de las tierras australes, orienta a los colonos y les descubre los misterios de la selva; es el indio-guía, amigo de quienes llegan por los días del año 1850 a destacar ciudades.
Vicente Pérez Rosales, Jefe de la Colonización, se da cuenta que este indio vale, que sirve para sus planes de encontrar terrenos y suelos fértiles, y lo invita a integrar una caravana de exploración.


Se internan en el bosque, en el que no se puede leer una carta bajo su sombra, pero guiados por Pichi Juan no hay peligro de extraviarse ni menos morirse de hambre, porque Pichi Juan sabe extraer la miel de los árboles y servírsela con avellanas, cazar, pescar en los pequeños riachuelos, husmear de lejos al huillín o al puma. Enseña a valerse de la selva para subsistir.
Llegan a un lago, no hay embarcaciones para recorrerlo y Pichi Juan hace una canoa de un tronco carcomido. Arriban a pequeñas islas y en una de ellas los coge una tormenta haciendo imposible el regreso o retardándolo. Sin amparo bajo la lluvia, Pichi Juan hace mantas de hojas de nalca o pangui y pasan la noche.


Descubren el bosque milenario en gran escala, pero éste impide el camino hacia el progreso. De vuelta a Valdivia Pérez Rosales ofrece a Pichi Juan treinta pagas, treinta pesos, para que incendie los bosques que median entre Chan Chan y la cordillera.
Las llamas devoran leguas y durante un mes el sol se oscurece al horizonte. Más de una vez Pichi Juan, sitiado por las llamas, encuentra su asilo en un carcomido coigüe. La muerte del bosque ofrece a los primeros colonos campos planos, virginales y arables.
Y Pichi Juan, hijo de la naturaleza bravía, se incorpora a la extraordinaria perseverancia de los colonizadores germanos.


Pichi Juan fue dejado al margen por las ciudades, no se oye hablar más de él ni se sabe la fecha de su muerte.
Valdivia, Osorno y Llanquihue lo cuentan en su historia. Y en los márgenes del lago Llanquihue, en el lugar denominado Los Riscos, un cerro lleva su nombre.
(Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).


La cascada del velo de la novia


En Peulla, por entre el verdor de una naturaleza lujuriante y desde gran altura, se despeña una hermosa cascada que impresiona como si fuese un velo, lo que ha determinado que se le llame Cascada El Velo de la Novia.
Los enamorados que llegan hasta aquí, deben beber tres sorbos de agua, con fe y esperanza, si quieren cambiar el idilio por el matrimonio.
(Oreste Plath. Geografía del mito y la leyenda chilenos).

Trentren y Caicaivilu


En el remoto pasado del pueblo mapuche, dos espíritus muy poderosos se encarnaron en gigantescas serpientes.
Una –caicaivilu– agitaba el mar con su profundo odio al género humano. La otra – trentren (o chrenren) – miraba con afecto al hombre desde la cumbre de un cerro.
Un día caicavilu se propuso la destrucción de los seres, haciendo subir las aguas del mar. Trentren, que desde la cumbre observó la retirada del mar que precede a un maremoto, dio oportuno aviso a los “hombres de la tierra”. Los llamó para trepar al monte, donde ella los pondría a salvo, junto a los animales y las aves.


Pumas y zorros, llamas y huemules; peucos y torcazas, queltehues, pidenes y chucaos olvidaron enemistades o receles, corriendo y volando juntos hacia la salvación.
La respuesta humana, en cambio, fue mucho más lenta. Estaban los ancianos que se negaban a dejar su tierra “de toda una vida”, las mujeres que querían cargar con todo, desde el telar hasta la piedra de moler. Y no faltaban los incrédulos, los indecisos que “ya lo pensarían” y los que “no pasa na”.


Entretanto, las aguas subían incontenibles, arrasando chozas, ahogando a los confiados y a los lentos, que iban quedando convertidos en peces, mariscos o peñascos.
Sólo un pequeño grupo avanzaba hacia la cumbre, mientras el mar lamía sus talones. El poder destructivo de caicaivilu parecía triunfante, pero trenten no abandonaba a la raza amiga, elevando la altura del cerro a medida que subían las aguas.


Gracias a ese truco lograron salvarse una p dos parejas, a las que aún se les impuso una pena más: debieron ofrecer en sacrificio a uno de sus pequeños hijos, que arrojado al mar logró calmar la furia de caicaivilu, con lo que las aguas retrocedieron lentamente hacia sus playas.
Todos los pueblos de la tierra guardan la memoria de un diluvio, y el lector de hoy ya habrá comprendido que ésta es la visión del diluvio mapuche.


Por lo tanto, el valeros pueblo cantado por Ercilla en La Araucana descendía de esos milenarios sobrevivientes.
Y es notable que a la ola invasora respondieran con los mismos legendarios recursos: su resistencia física, la protección de su naturaleza y el sacrificio de sus hijos.
(Floridor Pérez. Mitos y leyendas de Chile).

El Trauco


Faltan estudios científicos que determinen con exactitud el grado de adaptación del trauco a las nuevas condiciones de vida que le impone el constante deterioro de su hábitat, el bosque de Chiloé.
Si el trauco no se adaptara, estaría en serio peligro de extinción esta especie mitológica, que algunos emparientan, con razón, con sátiros y faunosí greco-latinos, y sin razón con los traviesos duendes.
Las descripciones físicas del trauco lo presentan como un enano deforme, de no más de 84 centímetros de altura.


Vive en el hueco de los árboles o en cavernas naturales, alimentándose de frutos del bosque como un hombre primitivo. Y como él, usa un hacha de piedra, con la que anuncia su presencia golpeando los árboles. A imitación del hombre moderno, en cambio, se esmera en presentarse bien vestido, con traje de quilineja y un sombrero tipo cucurucho, tejido de parecidas fibras silvestres.


Sus piernas cortas y chuecas terminan en un remedo de pie sin talón y sin dedos, lo que le da un andar inseguro. Para superar este defecto, el trauco usa un bastón llamado pahueldún, tan retorcido como él, y con el cual llega a identificarse. Así, cuando el chilote cree encontrar un pahueldún botado en el bosque, lo azota contra una piedra, sabiendo que el trauco sufrirá en su cuerpo el dolor del castigo. Llegando a casa, colgara el palo sobre el fogón y, si efectivamente era un pahueldún, goteara un líquido espeso, que tiene la propiedad de curar los males físicos causados por el trauco.


Y éstos son muchos, porque el trauco es un personaje perverso. Verdadero sicópata del bosque, se instala sobre un tronco con inofensivo aspecto de contemplar el paisaje. Sin embargo, en cuanto aparezca una figura humana, caerá sobre ella el maleficio de su mirada o el nefasto poder de su aliento.
Conviene advertir que su magia actuará de modo muy distinto según sea el sexo de la persona. Si es un hombre, se ensañara con el, causándole torceduras de cuello, muecas en el rostro, tullimiento de huesos y otros males en los que siempre se adivinara la intención de causar deformidades parecidas a su propio aspecto.


¿Y si la persona sorprendida por el trauco es una mujer? En este caso, toda su furia se mudara en pasión amorosa, y ya no descansara hasta seducir a la dama, generalmente una joven que se ha internado imprudentemente en el bosque. Para conseguirlo recurrirá a la magia, sumiéndola en plácidos sueños, en los que el se le aparecerá como un apuesto galán.
(Floridor Pérez. Mitos y leyendas de Chile).

El Invunche


Es un niño que fue raptado y convertido en monstruo para ser usado como el guardián de la Cueva de los Brujos.
Los únicos que pueden ver al Invunche son los brujos; los demás (los limpios) se transforman o enlesan. Se dice que cuando los brujos necesitan de un cuidador para su cueva, raptan al primogénito de alguna familia. También se cree que muchas veces es el mismo padre quien vende al niño o lo regala, a cambio de favores de parte de los brujos.


Este niño es el Invunche (también conocido como Invunche, Imbunche, Vuta Macho, Machucho o Chivato de la Cueva), a quien los hechiceros deforman quebrándole una pierna, la que luego le tuercen sobre su espalda. También le doblan la cabeza hacia atrás y sus orejas, boca, nariz y dedos son torcidos igualmente. Además, le aplican sobre su espalda un ungüento que le hace crecer un pelo grueso.


Para caminar se apoya en su pierna buena y en sus dos brazos y manos, por lo que se dice que anda en tres patas. El Invunche no puede hablar y solo emite sonidos guturales y desagradables parecidos al balar de un chivo. Además, los brujos le parten la lengua en dos, para que no pueda revelar los secretos de su secta; existen historias sobre invunches que lloran bajo la Luna, como si recordaran a su familia.


Durante el período de lactancia es alimentado con leche de gata negra (mujer india). Después con carne de cabrito (niños de corta edad) y, a partir de la juventud, de carne de chivo (carne de adulto). Los alimentos deben serle servidos solo por los brujos.
Su función es proteger la entrada de la Cueva de los Brujos, participar en algunos rituales y arbitrar como un patriarca en algunos juicios.


Si bien debe permanecer en su puesto, en ocasiones el Invunche sale, cuando escasea el alimento o cuando los brujos lo utilizan como un asesino a larga distancia para aquellos que se atreven a interponerse en el camino de los hechiceros.
*Sátiro: divinidad agraria griega, con cuerpo de hombre y cuernos, patas y cola de chivato; muy enamoradizo. Fauno: divinidad romana de la fertilidad, también campestre.


La Pincoya


La Pincoya es la encarnación de la fertilidad del mar y de las playas.
Suele representársele con figura de sirena, pero a diferencia de esta conquistadora de hombres, la Pincoya luce feliz, con su larga cabellera al viento, en compañía del Pincoy*.
Ya sea que dance desnuda en la playa o tome el sol sobre las rocas, podrá hacerlo de cara al mar o vuelta hacia la tierra.


Si la Pincoya aparece de cara al mar, los lugareños saben que les espera una temporada abundante en peces y mariscos. Si por alguna razón quiere producir su escasez en esa zona o trasladárselos a otro sitio, le bastara con volverle la espalda al mar.
Los pescadores saben que la Pincoya y el Pincoy, como toda pareja feliz, aprecian la amistad y la diversión. Por eso, cuando desean atraerlos, organizan bulliciosas fiestas con acordeón y guitarra. Si el grupo sube a una lancha y se dirige a una determinada playa donde bailan, cantan y ríen, la Pincoya los seguirá, llevando con ella abundancia de peces y mariscos al sector.


En nuestra época no se debe hablar de la Pincoya sin valorar su sabiduría ecológica: “Se dice que cuando los pescadores pescan con mucha frecuencia en un solo paraje, la Pincoya se enoja y abandona aquellos lugares, que luego quedan estériles”.
Ya saben esos incrédulos que nunca faltan: si últimamente la Pincoya no se ha visto por ahí, es que no soporta la presencia de esos enormes barcos extranjeros, modernos monstruos que engullen sin piedad las riquezas del mar chilote.


*Su esposo o amante, para la mayoría; para otros, su hermano. Siempre que se ha creído necesario dar alguna información adicional, ella se entrega en las notas complementarias al final del libro.
(Floridor Pérez. Mitos y leyendas de Chile).


El Caleuche


El Caleuche es un buque misterioso que navega y vaga por los mares de Chiloé y del sur de nuestro país. Se dice que lo tripulan brujos muy poderosos. Por lo general aparece cuando hay neblina, que él mismo crea, y en las noches oscuras se ilumina intensamente. Nunca surca las aguas de día.
En la cubierta de esta legendaria embarcación se realizan grandiosos bailes y es posible escuchar una maravillosa música de fiesta. Son justamente estas melodías las que atraen a los náufragos o tripulantes de lanchas veleras, a los cuales incorpora como parte de su dotación.
Sin embargo, el Caleuche se convierte en un simple madero flotante si una persona, que no sea bruja, se aproxima a él o, incluso, se hace invisible.


Los marineros del Caleuche tienen ciertas particularidades físicas, como una sola pierna para andar, por que la otra la llevan doblada por la espalda, y también son desmemoriados, para impedirles que cuenten el secreto de lo que sucede a bordo.Al Caleuche no hay que mirarlo, porque a los que lo hacen, los tripulantes los castigan torciéndoles la boca, la cabeza hacia la espalda o matándolos de repente, por arte de brujería. Pero cuando esta misteriosa embarcación se apodera de una persona, la traslada a las profundidades -porque también puede navegar bajo el agua-, mostrándole grandes tesoros y ofreciéndole parte de ellos con la sola condición de no contar lo que ha visto.


También se dice que cuando un comerciante de la zona se enriquece rápidamente, es porque ha hecho ocultas negociaciones con el Caleuche.
Una de las acciones más importantes de este barco es recoger a los que mueren ahogados, acogiéndolos en su interior, lugar que les sirve de eterna mansión.

El Camahueto


Este animal legendario es el símbolo de la fuerza, pues es capaz de arrancar medio cerro y arrastrarlo hasta el mar.
Cuando van de viaje a regiones lejanas, los brujos lo hacen montados sobre el lomo del Camahueto.
Dentro de la mitología de Chiloé, el Camahueto tiene un lugar destacado, pues se trata de un animal hermoso, con aspecto de ternero, que está cubierto por un pelaje muy brillante y corto, y que posee un gran cuerno dorado en su frente. Tiene una enorme fuerza.
Cuando aparece una vertiente de agua cristalina que va creciendo lentamente, se dice que el Camahueto, también conocido como Chivato Marino, ha nacido. Deben pasar 25 años para que esta criatura salga y corra hacia el mar, destruyendo todo lo que encuentra a su paso y abriendo un profundo surco, además de acarrear troncos y trozos grandes de tierra. Por lo general, el surco pronto se convierte en un río o arroyo.


Como es un animal muy ágil y fuerte, quien se da cuenta de su existencia llama a una machi o a un brujo para que lo detengan. El método es lacearlo con una cuerda de sargazo, la única que es capaz de retenerlo, lo cual el brujo hace a solas cuando hay Luna llena. Después le saca el cacho y lo lleva al mar sin que provoque daño, donde alcanzará su estado adulto. El machi o brujo que captura al Camahueto recibe una recompensa en dinero o especies y se queda con el cuerno del animal.
El cuerno del Camahueto es muy apreciado por los brujos, pues raspándolo y lanzando lo raspado a un pozo con agua, nacerá un nuevo Camahueto. Además, sirve para fabricar poderosas pócimas y realizar curaciones milagrosas.
También se puede frotar en el cuerpo o ingerir lo raspado. El animal o persona a la cual se le dan estas partes adquiere gran energía, valentía y fuerza, pero también corren el riesgo de volverse rabiosos o, incluso, locos. Cuando llegan a esos extremos se dice que están encamahuetados.

Cueva de Quicaví


En Chiloé está la Casa Grande o Cueva de Quicaví. Aquí habita el Supremo de los Brujos, rodeado de cuanto aparejo de brujería se necesita y en especial de un aparato que revela el pasado, el presente y el futuro, y cuanto desee conocer el que consulta al Supremo Gobernador de los Brujos; del macuñg, chaleco luminoso que llevan los brujos por las noches y les sirve para volar; el macuñg es hecho de piel humana. Los brujos, cuando desean quedar a oscuras, se bajan el poncho y si quieren luz, se suben el poncho.


Junto a los menjurjes, al instrumental que necesita el arte, está el Imbunche, ser humano que se sostiene en un pie y el otro lo lleva pegado a la espalda; por esta causa, anda a saltitos. Tiene los brazos torcidos y la cara vuelta hacia atrás. Las orejas, la boca, las narices y los dedos también son torcidos. No habla, bala como un chivato, pero en una forma extraordinaria. Recibe también el nombre de Chivato de la cueva.


Para lograr esta figura humana, los brujos emplean un niño de corta edad, y a medida que va creciendo se le acomodan los órganos hasta que quedan dispuestos para su finalidad. Lo alimentan con carne y sangre de niño recién nacido. Es muy difícil verlo, porque está destinado a la vigilancia de la cueva. Únicamente sale cuando ésta se cambia o ha sido destruida. Generalmente, es llevado en hombros, cuando hay traslado. En la cueva es una especie de secuestrado y quizás a esto se deba que ha perdido la facultad de hablar.
Cuando los brujos lo sacan de la cueva para hacer daño, durante el trayecto va gritando y sus gritos anuncian desgracia a los vecinos.


El Imbunche, o Invunche, es, también Vuta o Vutamacho y algunos lo llaman Machucho, pero lo describen como un animal que bala como cabro y que anda con las dos manos y un pie, únicamente por la noche. Aseguran que es más o menos del tamaño de un chivato.
La Voladora es una bruja-correo, que para emprender vuelo, deja sus tripas en una artesa de alerce.
Ella simula una Bauda, o sea el Guairabo, y su grito es idéntico al de estas aves.
La Voladora sólo puede volar de noche.
(Oreste Plath. Folclor chileno).

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