domingo, agosto 24, 2014


Geografía del mito y la leyenda chilenos
(Versión de Oreste Plath)
 


Chillán

Cueva de Quilmo
Los que viajan de Chillán a San Ignacio (Comuna de Chillán) y viceversa, se encuentran o saben de la Cueva de Quilmo, que cuentan fue hecha con los cachos por el diantre, en una ocasión en que, engañado por un patudo, no podía más con su cólera
Descubierta la Cueva por los brujos y brujas, comenzaron a celebrar aquí sus aquelarres las noches de los martes y viernes.
Se cuenta que en estas noches hay que abstenerse de pasar frente a la Cueva, si no se desea ser perseguido por enormes zorras, que no son otra cosa que las brujas que toman esta forma.


Talcahuano

"Animitas" del mar
En las cercanías de Talcahuano, Los Lobos, se encuentra sobre un acantilado un pequeño cementerio, en el que no se entierra a difunto alguno. Este camposanto es obra de los deudos de pescadores que naufragaron en alta mar y cuyos cadáveres no fueron devueltos a la playa
Después de intensas búsquedas y angustiada espera, los familiares hacen en su casa el velatorio, de sólo el traje del desaparecido, el que es colocado en un pequeño ataúd. En otras ocasiones se lleva la ropa a la iglesia y sobre el ataúd se oficia un responso, partiendo de allí al cementerio inmemoriam, donde es sepultado, se reza y se clava una cruz blanca, que ostenta el nombre del desaparecido y el de la embarcación.
Este culto a los muertos, establecido por la razón del corazón, se realiza desde hace más de sesenta años en la zona.
Sobre estos cementerios simbólicos, Juan Guillermo Prado Ocaranza, investigador del folclor, en su trabajo "Los rituales de la muerte", informa que "el profesor Roberto Contreras Vaccaro, indicó a ‘El Mercurio’ que estos entierros se hacen en diversos lugares de la zona. A eso se debe que en Tumbes, Lota, Tomé, San Vicente y Punta Lavapié, en Arauco, existen cementerios donde no hay muertos.
Al hundirse una embarcación se espera un tiempo cercano a los tres días. Si no aparecen los náufragos, se les vela 48 horas o más. Para ello se confeccionan pequeñas urnas de madera de 50 centímetros de longitud y se las pinta de color blanco. En el interior se colocan las ropas del desaparecido y su foto. Luego todos los pobladores de la caleta en procesión llevan la urna hasta los singulares cementerios. Allí se despide de los difuntos, a nombre de sus colegas, el presidente del sindicato de pescadores y el alcaide de mar. Se entierran las urnas y las coronas se tiran al mar. Al finalizar la ceremonia se hace una colecta para ayudar a los deudos de las víctimas".
En los puertos, en las bahías este dolor se expresa con otras modalidades. Cuando los lancheros mueren por accidente marítimo o desaparecen en el mar, son honrados con la formación de una flotilla de lanchas fleteras que realiza un recorrido, en memoria del desaparecido. En este homenaje póstumo, se lanzan coronas de flores al mar.
En la procesión marítima de San Pedro, santo bajo cuya advocación están todas las caletas de pescadores, se recuerda a los que durante el año tuvieron como tumba el mar, dejando caer coronas.
 

Zona del Carbón

Caballos al interior de la mina.En el interior de la mina se utilizaban caballos de poca alzada para la tracción de las vagonetas en las cuales se transportaba el carbón hasta los ascensores que las elevaban hasta la superficie.
Los caballos, en el interior de la mina, eran mantenidos en pesebreras.
Ellos, que tanto ayudaban en sus faenas a los operarios, eran objeto de esmerados cuidados y era fama en la época que caballo minero equivalía a decir caballo gordo y bien tenido.
Se les bajaba alfalfa y comían y bebían.
Pero, algunas veces, como los hombres, morían destrozados.
Una vez al año, los caballos tenían sus vacaciones. Se los subía a la superficie para el año nuevo, teniendo la precaución de sacarlos de noche. Después quedaban en una caballeriza en la que les iba dando lentamente la luz del sol, hasta que se acostumbraban.
Las vacaciones de los caballos, duraban de seis a ocho días. Luego regresaban a las entrañas de la tierra, para seguir ayudando al hombre.
Y como la primera vez que los bajaron, descendían amarrados con gran terror, después se iban acostumbrando a la oscuridad. Con el tiempo se orientaban y adaptaban, como los ciegos.


Los perros
Algunos perros solían, también, acompañar diariamente a sus amos al interior. Se echaban cerca de sus ropas y ahuyentaban a los ratones y a los extraños que pudieran acercarse.
A los trabajadores les servían de compañía, para alejar los espíritus.


Los ratones
Los ratones, a los cuales familiarmente se les llamó laucos, hicieron, en una época, de policía de aseo: terminaban con los desperdicios; por esta razón los bautizaron como sanitarios. También anunciaban los derrumbes y el óxido de carbono. Cuando los ratones abandonaban una galería era señal de peligro, los mineros se daban cuenta y comenzaban a huir.
En las largas huelgas, bajaban cuadrillas a alimentar a los guarenes para que no murieran. Cuando esto no acontecía, se comían unos a otros y su multiplicación se demoraba. Andaban a la siga de las migas, de los restos de comida. Otras veces se comían el manche. Pero si lograban salir a la superficie, no veían, estaban acostumbrados a la oscuridad.
El 28 de agosto, día de San Agustín, fue escogido por los mineros para celebrar el día de los ratones. Nadie trabajaba en ese día como un homenaje de gratitud hacia estos habitantes de la mina que, al decir de los mineros, anunciaban la presencia del viento negro, nombre que dan al anhídrido carbónico que, siendo más pesado que el aire, se arrastra por el suelo, afectando primero a los ratones.
El que trabajaba ese día se exponía a serios peligros; los ratones se ensañaban con la ropa del incrédulo.
Se cuenta el caso de un minero que pretendió burlarse de esta creencia, y pudo ver con espanto que durante la noche los ratones habían dado cuenta de sus pantalones acribillándolos de agujeros.


Los canarios
Los canarios se usaban para descubrir las zonas peligrosas por la acumulación de gas.
Esta avecita es muy sensible a la presencia de gas en el aire, en especial a la del óxido de carbono, gas derivado de la combustión incompleta del carbón, cuya aparición es peligrosísima después de un incendio o explosión.
El revisador de los laboreos entraba a la mina provisto de una jaula con canarios y, fácilmente, por su excitación, notaba si había alguna deficiencia en la ventilación.
El canario entristecía y podía morir cuando la proporción de gas en el aire aun pasaba inadvertida o no afectaba al minero.


Día del minero
El día 8 de diciembre, la población minera de Lota Schwager se reunía en la Playa Blanca, para gozar de un día de expansión. La gente se distribuía por la playa o por los pinares que rodean la región.
Se realizaban juegos, entretenciones y se preparaban numerosos asados.
La Compañía distribuía ajuares a los que nacían en este día y otorgaba buenas cantidades de dinero al Sindicato Industrial, al Sindicato Metalúrgico y al Sindicato de Bahía, para que este día tuviera realce social.


Los chinchorreros
Los chinchorreros son hombres jóvenes, adultos y ancianos, mujeres y niños, que viven arrebatándole al mar el carboncillo que se cayó de los lavaderos, y que aparece en mayor cantidad, en las horas de baja marea. Para ellos no hay descanso. Se trabaja día y noche, invierno y verano. El chinchorrero, pasa metido en el agua sacando el carbón molido con su chinchorro, así llaman a una bolsa de rejilla de red, como para coger mariposas, atada al extremo de un palo de dos o tres metros de longitud.
Ellos están en calzoncillos y ellas con las polleras arremangadas a la altura de la cintura. Le disputan al mar los pequeños trozos de carbón que flotan, y que van amontonando en la playa para completar las perras o sacos harineros. Cada costal es una perra y por extensión el que recoge el carboncillo y llena esta bolsa, es el perrero. A estos recuperadores del carbón del mar, también se les conoce con el nombre de pescadores de carbón.
Los chinchorreros trabajan en las playas de Lota, en el sector Chambeque, en Playa Blanca.
Cada perra se vende a los mayoristas que llegan a la playa en camiones. Éstos cargan el mineral, lo someten a un proceso de lavado para la extracción de la arena y lo venden a ciertas fábricas, con utilidades que triplican o cuadruplican el valor pagado al chinchorrero, personaje que muere de enfermedades bronco pulmonares o lo agarra ligerito el reumatismo.


Perreros de los trenes
Los trenes de carga circulan con sus vagones repletos de carbón, entre Curanilahue, Lebu y Lota. Los carros, colmados del mineral negro, cruzan lentamente por entre las poblaciones.
De improviso, tres o cuatro perreros trepan con agilidad y, una vez tendidos sobre la superficie de la carga, lanzan los pesados trozos de carbón a la orilla de la línea. Cumplido su cometido, se tiran a tierra. La gente se disputa el carbón que cayó a lo largo de la vía, para utilizarlo en sus propias casas o venderlo. Algunas veces, cuando están con suerte, los perreros pueden arrebatar hasta una tonelada de carbón.
Los más audaces, manipulan las palancas de los vagones abriendo, de esta manera, las tolvas, para vaciar su contenido. Después de efectuada esta operación, se dan a la fuga. El carbón cubre la ruta ferroviaria. Posteriormente, otra gente, preparada y coordinada con los perreros, llega a recoger el carbón.
Los perreros de los trenes, actúan a plena luz del día. No los arredra el peligro. Por conseguir sus propósitos, exponen, las más de las veces, la vida. Algunos caen heridos o muertos por las balas de los guardias, y sus cadáveres no son reclamados por sus familiares, quienes temen ser detenidos por el delito que cometió. En el mejor de los casos, muchos de ellos exhiben la mutilación de un brazo o de una pierna.


 

Pirquinero

El pirquinero, en las minas de carbón, es el minero del sector privado, particulares, sin ninguna capacitación en los riesgos laborales. Trabajan en pirquenes (1), sin equipo adecuado; con cualquier ropa, sin casco, ni lámpara, ni guantes, ni botas. Desafían los accidentes que se producen por los derrumbes de tosca, por la debilidad de la construcción de las fortificaciones, por la falta de ventilación, lo que los obliga a salir de la mina a respirar. En otras ocasiones, usan motores a gasolina, por lo que se ahogan con sus emanaciones
Este pirquinero, arriesga la vida en pirquenes peligrosos, no sólo él, sino muchas veces el grupo familiar, ya que en ocasiones trabaja hasta con sus hijos menores.
Lo más grave que los afecta, es la muerte negra. Esta se llama así, por el color que toman las víctimas, después de morir quemados por la corrida de fuego, que viene después de la explosión del gas grisú, que emana de los pirquenes y de las minas de carbón privadas.


Feria y mercado de Lota bajo
Para parar la olla al ir de compras, las mujeres de los mineros se dirigen a Lota Bajo en micro o descienden caminando por los senderos casi verticales del cerro, portando canastas y redes, con una tenacidad de hormiga.
En la feria, espera el marisco, el pescado, los productos de chacarería, las frutas, y un bullicio que confunde la oferta con la demanda. Aquí está la vertiente desde la cual manan graciosas expresiones.
Un niño tamborilea una tabla con frases aconsonantadas que sirven para avivar, para azuzar la cueca:
Tiqui-tiqui-ti
no me la cortís
porque me hace falta
para hacer pipí
Luego sigue con otras que hacen referencia a la toponimia regional:
¡Voy a ella!
¡Voy a él!
Villa Mora,
Coronel.
Voy a él.
Voy a ella.
Chiguayante.
La Leonera.
Luego recorre el sector y, sin hablar, le llueven las monedas por sus diabluras.
Una muchachita grita: ¡Alma negra!... ¡Alma negra...! Es la vendedora de maqui, que así lo ofrece, seguramente porque el fruto tiñe. Se expende en una medida que la conforma una taza, porción que el cliente recibe en un cucurucho de papel. La vendedora, siempre tiene la boca negra y su pregón es: ¡Alma negra...!
No faltan los personajes de feria. En una carretela pequeña de dos ruedas, empujada por una mujer, va sentada una inválida. La niña que la arrastra dice con aire y donaire: no tener una gota de sangre de ella y confiesa que la atiende sólo por lástima. Su misión consiste en dejar la carretela apostada en un sitio y, la postrada, que renta, queda ahí hasta las últimas horas de la tarde, cuando viene la niña a retirarla.
Figura de este medio es el loco José, demente astroso que implora la caridad de la gente. No pasa inadvertido porque desea avanzar, pero retrocede. Va y vuelve con un movimiento pendular y siempre se siente cómodo con el cieguito Lucho, de gran corpulencia, que se sienta en un lugar, entre puesteros y compradores, y canta con una voz atribulada, el viejo y el moderno cancionero, con la inclusión de algunas canciones pícaras.
Todo este ambiente, también se halla en el Mercado, este muestrario del mar, al cual acuden las caseras, con fanatismo y voracidad. Aquí está el pescado frito y los piures.
Las mujeres regresan, unas, subiendo, lentamente, los empinados senderos que parecen estrías, cargadas con las canastas y redes repletas; otras, llenando el microbús que va de Lota Bajo a Lota Alto. Y cuando parece que no caben más, entran y siguen entrando, de modo inexplicable. Una aprisiona en su mano, tres gallinas de las patas, otra señora trata de ubicar un medio saco de papas a los pies del chófer. Alguien se queja que las jaivas que van en un paquete están haciendo agua.
Niñas y muchachos ofrecen, como en un restaurante, empanadas fritas calentitas en fuentes de fierro enlozado. Huele a pescado ahumado, como jaivas cocidas.
El micro inicia el recorrido de ascensión y comienza las brazadas. Con la marcha, todos se van acomodando en el vehículo y, cuando ya se estaban acostumbrando, arriba al paradero principal de Lota Alto.
Los microbuses tienen guirnaldas de copihues, adosados a los espejos, a la subida o frente al chófer. Algunos llevan sujetos al marco del espejo, estampas de San Sebastián. Tampoco faltan leyendas como éstas: Estás bonita, mona.
 
Comida que el minero lleva al turno
Comida que un minero que entra a la mina, o sea el manche, ración que consta de una charra, cantimplora con café, té, mate hervido, o agua de machitunes, o sea, agua de distintas yerbas en infusión (matico, toronjil, apio, poleo). Tanto el té, el café, como las aguas, se toman fríos, como bebidas para la sed. Algunas veces es agua de harina de trigo tostado con azúcar, entonces se llama clarito.
El pan puede llevar queso, mortadela o mantequilla.


Desayuno del minero
Desayuno: 5 de la mañana.
Harinado: medio litro de vino tinto, con azúcar y harina de trigo tostado.
Caldillo de carne (carbonada) o caldillo de papas (sopa de papas con trozos de pan y un huevo).
Taza grande de café puro.
Pan minero. Si hay carne o cecinas, se prepara un emparedado.

Lo que come el minero a la salida del turno
A las 4 de la tarde, hora en que llega a la casa, se sirve cazuela (carne, papas, porotos verdes, arroz, zanahoria y cebolla) o cazuela de pescado, arroz graneado o tallarines con cebolla frita y salsa de tomate y un poco de harinado y agua de yerbas.
A la hora de la comida o antes de acostarse, se sirve un poco de carne, también puede ser un trozo de queso y algo de vino.



Creencias
Buen augurio
Es bueno quemar palmas benditas para las ráfagas de viento y temporales.
Se debe esperar el nuevo año, bien provisto de menestras, para que éstas no falten.
Si se come corvina o pescada la noche de Año Nuevo, no faltará la plata (el dinero) durante el año que se inicia.
La última noche del año, se debe esperar friendo pescado, para que nada falte durante el año que comienza.

Mal augurio
Trae mala suerte el criar palomas en los pabellones.
Acarrea mala ventura el traer conejos a las casas.
Si se tiene un cacto de una vara, que da flor negra, es anuncio de muerte.
Si se cultivan cactáceas dentro de las casas, las niñas quedan solteras.
La planta manto de Eva es signo de mala estrella.

Penaduras
Hace muchos años, en el chiflón Carlos, ocurrió un accidente. Un minero fue aplastado por un derrumbe y, al sacarlo, se le retiró con una pierna menos. Con el tiempo se habló que la pierna penaba, que los días domingo y los festivos, la pierna bailaba.

El Diablo
Los mineros antiguos se abstenían de trabajar el día de San Bartolo 24 de agosto porque según la leyenda ese día el Diablo andaba suelto en el interior de las minas. Cuentos fantásticos sobre sus hazañas se transmitieron de una generación a otra. No eran pocos los que aseguraban el haberlo visto pasearse como señor y dueño en los laboreos, provisto de grandes cachos. Otros contaban que, además, tenía una cola muy larga.

Nombres que le dan los mineros al Diablo: el cachudo; el pata de hilos; el caballero; la chala; don Satán; el gatito negro.
Dicen que trajina, empuja los carros estando de para el laboreo.
Un minero asegura haber visto de repente, en su trabajo, un gran brazo peludo, que era el mismo brazo del Diablo.
Un mal barretero, sacaba su tarea antes que los otros, lo que produjo el asombro de sus compañeros. Cierto día lo observaron y vieron a un ser que trabajaba, mientras él estaba sentado. El que laboraba era nada menos que el Diablo.
Otro minero hizo un contrato, con burla, al Diablo. Él le entregaría su alma, siempre que él llevara a cien metros de distancia, un colador grande lleno de agua, lavara un paño negro y lo dejara blanco antes de cinco minutos y volviera al revés los pelos de un cuero negro, sin que se perdiera uno de ellos, es decir, con la piel por fuera y los pelos por dentro.
También se narra que un minero andaba solo en su laboreo, cuando se encontró con un compañero que dormía en el suelo. Al agacharse para reconocerlo, ya no estaba el bulto, era el Diablo.
En Schwager, trabajaba solo en su laboreo un minero, cuando vio junto a él a un compañero que le ayudaba a realizar la faena. De pronto, su lámpara iluminó los pies de su ayudante y con asombro descubrió unas pezuñas de animal. Era don Satán. Perdió el conocimiento y lo sacaron con espuma en la boca. Y don Satán continuó el trabajo.
Un minero que perdió su lámpara, se cayó a un hoyo que contenía agua caliente y aceite quemado, que provenía de una bomba. Se sumergió y emergió mojado, teñido de negro lustroso. Así lo encontró un compañero que venía con su lámpara a iluminarlo y, al verlo negro y brillándole los ojos, dejó todo y huyó gritando que por ahí estaba el Diablo.

Las mujeres
Es considerado de mal augurio la bajada de una mujer al interior de la mina. Su presencia anuncia desgracias a corto plazo. Después de su visita, se esperan derrumbes, accidentes mortales, explosiones y todo tipo de calamidades.
Hace muchos años, el dueño de una de las minas de la región, invitó a una señorita a que bajara a la mina. El mismo día un derrumbe mató a varios obreros. Poco tiempo después sucedió un hecho semejante en una mina vecina.
Cierta vez, sucedió un derrumbe después que una mujer penetró la mina y dejó en ella el tacón de su zapato.
También se cuenta que una dama quebró esta creencia, lo que hizo perder la compostura a los mineros y cayó sobre ella una andanada de insultos y amenazas. En la semana de la bajada de la gringa (era extranjera), hubo varios accidentes.
La mina es para los hombres, no para las mujeres. Las mujeres condenan la mina.

La monja de los mineros
Hija de la Congregación de la Providencia, sor María Hortensia Martínez fue Superiora del Hospital de Schwager por varios años. Vivía la intranquilidad de los enfermos y estaba pendiente de los detalles humanos. Era querida y venerada por los mineros del carbón, por el trato preferente que les daba. Desbordaba su cariño y atención por ellos. Más de una vez, encontrándose en una de las tantas casas que mantiene la Congregación en el país, llegaban hasta ella, hombres cesantes que añoraban su pueblo carbonero, la mina, y sor Hortensia se hacía cargo de la situación, de la nostalgia minera, y les pagaba el pasaje para que regresaran a la zona.
Un día, enfermó, y todos los mineros estuvieron pendientes de su mal. Ella les prometió que si moría quedaría junto a ellos. Sus restos descansarían en el Cementerio de Coronel. Así fue, el día de su muerte no trabajaron los turnos, más de cuatro mil mineros, aparte de las madres y sus niños, la acompañaron al camposanto de Coronel.
Sus restos permanecen en una sobria tumba y sobre la lápida se lee:

Aquí descansan los restos
de Sor María Hortensia Martínez
Hermana de la Providencia
y Superiora que fue del Hospital Schwager.
Murió el 17 de julio de 1937
a los 61 años de edad.
Querida de los mineros
por su inmensa caridad.
Quiso esperar cerca de ellos
la resurrección final.
Rinden a su memoria este
homenaje de gratitud
la Compañía y los obreros de Schwager.
Al poco tiempo de su fallecimiento, los mineros solicitaron a los regidores de la I. Municipalidad de Coronel, que una calle de Villa Mora, llevara el nombre de la monja, lo que se acordó por unanimidad. La calle se llama, simplemente, Sor Hortensia.
 
Cautín


El copihue rojo
El copihue rojo carece de aroma y su estructura es una campana alargada. Se da en colores: rojo, rosado, blanco y también los hay morados, amarillos, cremas, salmón, blancos, con borde rojo y jaspeados.
Por su color rojo, que más abunda, y la manera en que se descuelga, lo llaman Largo Suspiro, pregón del dolor indígena.
Esta flor nació cuando los mocetones partían a la lucha y pasaban los días, las semanas y los meses sin volver a las reducciones.
En esta espera las jóvenes indias trepaban a los árboles gigantes para alcanzar altura y divisar a los sobrevivientes de la refriega, y descubrían humo y muerte. Entonces descendían llorando, mojando las hojas y estas lágrimas se convirtieron en flor de sangre, que florece para recordar al indio que luchaba hasta morir.

La piedra parada o la piedra de amparo
En el camino de Curacautín a Lonquimay en un hermoso valle cuya configuración guarda similitud con un gran corral, al que los indígenas denominan "corral de caballos", porque hace muchos años fue habitado por cuatro caballos blancos, se cuenta que cada vez que se trataba de tomarlos desaparecían misteriosamente, siendo inútil toda búsqueda que de ellos se hiciera.
Fueron estos los silleros de una princesa, hija de un gran guerrero mapuche, convertida más tarde, por el Pillán, en una hermosa piedra que, en la actualidad, se conoce con el nombre de Piedra Santa, pero los mapuches la llaman Retricura (piedra parada o piedra de amparo).
Es un altar propiciatorio, los indígenas y los arrieros detienen sus cabalgaduras junto a la piedra y dejan sus ofrendas en dinero, comestibles, ramas, botones, velas encendidas.
Ellos creen que esas limosnas sirven para alimentar a la princesita.
Los que pasan delante de la piedra sin depositar su óbolo caen en desgracia. Los que la invocan exclaman: "¡Hoy vengo a despedirme de ti, pues Padre Retricura!" "¡Todas las cosas las sabes tú, Padre Retricura!"

Pelluhue
Se sabe que en Pelluhue (lugar de choros, almejas) vivía Curi-Caven ("Espino negro" significa este nombre en mapudungun), un indio pescador, casado con una india que era muy linda y hacendosa. Cierta vez, le nació una hija, a la que llamaron Rayen-Caven ("Flor de Espino"); pero al poco tiempo, la india madre enfermó y murió. El infeliz Curi-Caven casi perdió la razón ante tamaña desventura. Aparte de que idolatraba a su esposa, la pequeñuela quedaba huérfana y desamparada, pues él tenía que salir, noche a noche, a pescar, para procurarse el sustento. Estaba a punto de desesperarse, cuando se le apareció Lafquen-Ghulmen ("Jefe del Mar"), especie de genio marino, quien le prometió cuidar de la criatura hasta que cumpliera los veinte años. "Tú anda a pescar tranquilo. A tu hija no le sucederá nada. Veinte años te la cuidaré. Y, apenas cumpla esa edad, vendré a pedírtela en matrimonio". Por zafarse del atolladero, Curi-Caven aceptó la proposición del genio y la indiecita comenzó a criarse sin ningún inconveniente y el indio a progresar en las faenas de la pesca.
Como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, la indiecita creció esplendorosa como su madre y un indio joven y corpulento, Necul-Ñarqui ("Gato Veloz"), se prendó de ella y quiso casarse. Pero el pescador le negó rotundamente el consentimiento, sin revelarles el grave compromiso que contrajera con Lafquen-Ghulmen; en el fondo de su alma, ansiaba que aquél hubiera olvidado el pacto y que, de este modo, después de cumplir los veinte años, Rayen-Caven tomara por marido al mancebo que pretendía desposarla.
Sin embargo, una semana antes de expirar el plazo, reapareció Lafquen-Ghulmen. "Vengo a recordarte que dentro de seis días tu hija cumplirá veinte años y que me la llevaré para que se case conmigo"; le dijo a Curi-Caven. El pobre pescador creyó morir de pena; llamó a la indiecita y a su novio y les explicó las causas que había tenido para negarles el consentimiento. "He empeñado mi palabra y deberé ser fiel al trato hecho", terminó, derramando copiosas lágrimas. Necul-Ñarqui juró que defendería a su novia hasta el fin, aun a costa de su propia vida.
Al sexto día, el indio salió a pescar y Rayen-Caven y el novio permanecieron encerrados en la choza, esperando la aparición de Lafquen-Ghulmen. Entonces, principió a desencadenarse un ventarrón tremendo y una sábana de arena a cubrir la aldea. Arreciaba el vendaval y la arena seguía arremolinándose encima de las enclenques chozas. Por espacio de interminables horas, rugió la violencia de la borrasca y, en cuanto el indio se vio libre de las olas furibundas y pudo recalar en la playa, se apresuró a dirigirse a la vivienda de la madre de Necul-Ñarqui, la única que escapó de ser sepultada por el alud, debido a que estaba construida en un montículo. Desde allí, sus ojos contemplaron horrorizados el manto de arena que servía de sudario a la que fuera aldea de Pelluhue y de sepulcro a Raven-Caven y a Necul-Ñarqui, la pareja de enamorados víctimas de la ira del "Jefe del Mar", el soberbio Lafquen-Ghulmen.
 
 
Así desapareció el anterior Pelluhue y con éstos las últimas familias aborígenes que quedaban en aquellos contornos. (Versión de Oreste Plath)


Notas Complementarias
La versión que se presenta fue entregada por el autor de esta obra al escritor Jacobo Danke, el que la colocó en su obra "Hatusimé" novela para los adolescentes a base de materiales autóctonos.
El padre Honorio Aguilera Ch. publicó una crónica de viaje, titulada: "La Historia de Lafquen-Ghulmen" (Jefe o Dios del Mar), que pidió a un indio la mano de su hija, y ante la imposibilidad de obtener lo deseado, desencadenó, hace años, una tormenta de arena sobre el pueblo de Pelluhue y arrasó con sus casas y habitantes.
 
 


Valdivia

La campana de oro hundida en el rio Valdivia
a) Los indios al incautarse del oro en los malones, lo lanzaban a lo más profundo del río con otras muchas joyas de valor inútil para ellos, ya que este metal no les atraía porque le recordaba tan duros trabajos como sufrimientos.
Mucho oro se volcó en las primeras iglesias ricas y opulentas de esta ciudad. Una de las campanas de oro de ellas fue arrojada al río y se encuentra sumergida frente a la isla Teja y son muchos los que la oyen sonar.
b) Una campana de oro está en lo profundo del río Valdivia, frente a la isla Teja, que recuerda una tragedia que pudo suceder durante la destrucción de la ciudad por los indígenas en 1599 o en un incendio acaecido en 1910.
La campana de la iglesia profanada por los indios o las llamas, yace en el fondo del río y sus lúgubres sones se dejan oír en las noches tempestuosas, las tañen los dedos descarnados del fraile que aún la cuida.
c) Un hombre, atraído por los mágicos sones de la campana de oro, dio en situarse todas las tardes, a la puesta del sol, en el sitio donde se le supone ubicada. Al proceder así, lo llevaba la idea de oír mejor los sones de la campana, y si era posible, apoderarse de ella con el propósito de convertirse en hombre rico de la noche a la mañana.
d) Siempre salvé esa parte con toda felicidad. Y muchas veces, a la entrada del sol, llegaban a mis oídos, con toda claridad, los sones de esa campana que tiene que ser de oro por la infinita dulzura de su tono.
e) En las tardes de verano es posible escucharla, a eso de la hora de la oración. Cuando en el río se hace un silencio enorme y solemne, se oyen los sones de una música extraña y dulce. Es la campana de oro que llama a recogimiento a los pobladores misteriosos de la ciudad hundida.

Pichi Juan
Pichi Juan es un famoso talador indio de mediana estatura, de tez morena y labios gruesos, de pelo negro y de ojos brillantes; brillaban ansiosos de paisajes. Extraordinariamente listo, tal cual el puma.
Conoce todos los vericuetos del bosque y siempre está pronto para sacar de apuros. Muchas veces arrebata vidas a la turbulencia de los ríos.
Pichi Juan, figura de las tierras australes, orienta a los colonos y les descubre los misterios de la selva; es el indio-guía, amigo de quienes llegan por los días del año 1850 a destacar ciudades.
Vicente Pérez Rosales, Jefe de la Colonización, se da cuenta que este indio vale, que sirve para sus planes de encontrar terrenos y suelos fértiles, y lo invita a integrar una caravana de exploración.
Se internan en el bosque, en el que no se puede leer una carta bajo su sombra, pero guiados por Pichi Juan no hay peligro de extraviarse ni menos morirse de hambre, porque Pichi Juan sabe extraer la miel de los árboles y servírsela con avellanas, cazar, pescar en los pequeños riachuelos, husmear de lejos al huillín o al puma. Enseña a valerse de la selva para subsistir.
Llegan a un lago, no hay embarcaciones para recorrerlo y Pichi Juan hace una canoa de un tronco carcomido. Arriban a pequeñas islas y en una de ellas los coge una tormenta haciendo imposible el regreso o retardándolo. Sin amparo bajo la lluvia, Pichi Juan hace mantas de hojas de nalca o pangui y pasan la noche.
Descubren el bosque milenario en gran escala, pero éste impide el camino hacia el progreso. De vuelta a Valdivia Pérez Rosales ofrece a Pichi Juan treinta pagas, treinta pesos, para que incendie los bosques que median entre Chan Chan y la cordillera.
Las llamas devoran leguas y durante un mes el sol se oscurece al horizonte. Más de una vez Pichi Juan, sitiado por las llamas, encuentra su asilo en un carcomido coigüe. La muerte del bosque ofrece a los primeros colonos campos planos, virginales y arables.
Y Pichi Juan, hijo de la naturaleza bravía, se incorpora a la extraordinaria perseverancia de los colonizadores germanos.
Pichi Juan fue dejado al margen por las ciudades, no se oye hablar más de él ni se sabe la fecha de su muerte.
Valdivia, Osorno y Llanquihue lo cuentan en su historia. Y en los márgenes del lago Llanquihue, en el lugar denominado Los Riscos, un cerro lleva su nombre.

Los evadidos de Tasmania
Un grupo de doce penados se fuga de Tasmania, y después de una penosa odisea, arriban a las costas de Chile. Los presos estaban encargados de construir un bergantín en el puerto de Macquaire. Una vez que éste se hizo a la mar, desembarcan a los soldados que los cuidan, y dueños del barco eligen capitán y las restantes autoridades.
Toman rumbo a América del Sur y viven semanas de penalidades. Después de 43 días de aventuras, desembarcan cerca de Valdivia y se orientan hacia la ciudad. Relatan proezas reales e imaginarias al gobernador y éste les dice que si se portan bien los deja trabajar.
Pasan dos años, algunos forman su hogar en Chile, otros con graves cargos de conciencia, deciden huir a otras tierras. Construyen una embarcación y se dirigen al Perú.
Uno de ellos, bebido, habla más de lo necesario. Sale a relucir la aventura de Tasmania y alguien lleva la declaración al Comandante de la fragata Blonde que se halla fondeada en el Callao. Este marino pide la entrega de los prófugos, estos denuncian a sus compañeros de Valdivia. La Blonde zarpa a Valparaíso. Antes de la llegada a las costas chilenas, un suceso precipita los acontecimientos. Cinco de los ex presidiarios habían ofrecido al Gobernador de Valdivia construir un barco para el Estado, proposición que fue aceptada con el fin principal de darles trabajo. Un día, aterrados al tener la noticia de que la Blonde viajaba hacia Valdivia, los cinco penados, que ya habían terminado su obra, lanzan la embarcación al mar y huyen en ella.
El Gobernador al saber lo ocurrido monta en ira y creyendo que los evadidos podrían estar de acuerdo con los que están en tierra, hace tomar presos a estos cuatro y los remite a Valparaíso a disposición del cónsul británico, quien los entrega al Comandante de la Blonde. Son llevados a Inglaterra y luego a Tasmania. La Corte Suprema de Hobart condena a muerte a tres de ellos.
Y estos hombres, mitad héroes, mitad réprobos, ocupan por años las mentes de los campesinos y poblanos.
A la orilla de los ríos y en los bosques valdivianos se encuentran las figuras y sus posibles aventuras, como se comenta la muerte de los entregados a la justicia.

El diablo en la isla Teja
En Valdivia, en la isla Teja, existió un distinguido industrial del cual se hacían lenguas que había logrado su fortuna favorecido por el diablo.
Entre sus negocios florecientes estaba una fábrica de cerveza, famosa por su calidad y cuyas botellas ostentaban una etiqueta que lucía a un diablo con cara astuta y sinvergüenza a horcajadas en un barril.
El pacto que tenía con el Maligno consistía en que éste durante la noche era el que fabricaba la cerveza, mas un día que el industrial no le cumplió una promesa, dio una fuerte patada en la tierra y huyó. Nunca más le fabricó el rubio líquido.
 
 
 
Osorno

La laguna del toro
En esta laguna se crió un toro caito, salvaje, que era de gran alzada y muy fuerte.
A ésta venía el ganado a beber y el toro aprovechaba para bajar de la montaña boscosa y en lucha con los toros del ganado imponía su fuerza y luego su posición.
En los encuentros morían vacas y terneros, hasta que los camperos resolvieron ponerse en campaña para reducir al toro bagual o darle muerte.
Se logró después de muchos lazos cortados, darle caza por la altura de la montaña plena de vegetación, cercana a la laguna, pero fue tal la resistencia y tan feroz su defensa, que huyó con los laceadores y en su afán de liberarse se lanzó a la laguna, arrastrando a los hombres que lo habían laceado y desde entonces se conoce con el nombre de Laguna del Toro, que recuerda al toro alzado, bravío, montaraz.

Leña verde
Ventura Sabroso era un hombre simple que se conoció en la ciudad de Osorno, bajo el remoquete de Leña Verde. Era amigo de los niños y estos se entretenían con las historias que éste les contaba. Su vida giraba en torno de su caballo zaino, el perro Rempuja y su novia Rosa Tengo
Se ganaba la vida cumpliendo encargos dentro de la región y cuando llega con su respuesta o compra se anunciaba tocando un cuerno a la puerta de sus mandantes.
Se veía con su novia Rosa Tengo en el fondo del lago Puyehue.
Un día cualquiera anunció que se iría del pueblo, porque su novia había sido llevada por sus padres a Laguna Fría. Y una tarde de invierno preparó la partida. Se le aconsejó que no fuera, que esperara el verano. No hizo caso de los consejos y montado en su caballo zaino emprendió el viaje acompañado de su perro Rempuja.
Pasó el invierno y comenzaban los deshielos cuando se encontró a Leña Verde congelado y, junto a él, su perro Rempuja, que parecía había buscado calor al lado del amo.
 

Llanquihue
 La cascada del velo de la novia
En Peulla, por entre el verdor de una naturaleza lujuriante y desde gran altura, se despeña una hermosa cascada que impresiona como si fuese un velo, lo que ha determinado que se le llame Cascada El Velo de la Novia.
Los enamorados que llegan hasta aquí, deben beber tres sorbos de agua, con fe y esperanza, si quieren cambiar el idilio por el matrimonio.


 
Alhué

La mina del Diablo
Ver video: http://youtu.be/HRgCisELwko

La parra del diablo

En tierras de Alhué habría nacido o aparecido un parrón hace más de doscientos años. Se le llama la Parra del Diablo porque antes fue un hombre, al que se transformó en parra y muchos ven la forma de un cristiano con sus brazos extendidos.
Esta vid longeva ocupa más de 400 m2.

En la actualidad, tiene un tronco oblicuo carcomido, de más de dos metros de periferia y de los sarmientos que tocaron tierra se han elevado otros que forman nuevos emparrados, lo cual le añade un aspecto de caverna.
Notas Complementarias
Diablo es palabra venida del griego que significa calumniador. El Diablo es un genio sobrenatural de figura terrorífica y espantosa, que ha dado origen al diabolismo, diabología o demonología en todos los pueblos.

En la Sagrada Escritura y en el lenguaje litúrgico de la Iglesia, se le denomina como Angel Malo, pues es el nombre dado a los ángeles que, habiéndose rebelado contra Dios fueron condenados al infierno y se consideran como enemigos del hombre. Recibe, también, otros nombres tomados de su naturaleza, la de sus acciones y de sus circunstancias históricas. Así se llama Mefistófeles, el Malo, Belcebú, Luzbel, Belial, Sammael, Espíritu Inmundo.
La existencia del Diablo está en el leyendario chileno en forma copiosa. Y las fechorías de él son muy conocidas. De su vida se sabe que es un caballero que viste siempre de negro y que se destaca por su chistera y un diente de oro. Anda, camina con mucha libertad, pero huye al amanecer, al primer canto del gallo. Según la tradición popular, cuando monta a caballo, no calza sino una espuela; creen que los remolinos de viento los forma el Diablo que va en el centro de ellos. A estos remolinos por lo general se los llama diablitos; para no ser visto por el Diablo se reza una Salve.

Al Diablo se le invoca, hay fórmulas para realizar los pactos de préstamo o goce de bienes. A cambio de la riqueza que él otorga, hay que darle una cédula suscrita con la sangre de las venas del pactante. Cuando se vence el plazo fijado para entregar el alma y el cuerpo, para conjurar el peligro, se recurre al velorio, que consiste en hacerse velar por otra persona.
En Chile, el pueblo es el Diablo, según lo dice el mismo roto diablo. Aquí hacen diabluras juntos y hasta se trampean. El rotólogo Antonio Acevedo Hernández, que bien conoce al roto, al chileno, dice que el Diablo es amigo cordial del pueblo con el cual departe y que lo engaña venciendo astucias.

En el Brasil aparece con el aspecto tradicional que le dio el catolicismo, como lo describe Gustavo Barroso: "Cachos, ojos de fuego y pie de pato. También puede aparecer o surgir como un gran perro, un gato, un caballo, un cerdo negro". Realiza pactos y los contratos siempre son efectuados en la alta noche, en una encrucijada desierta, y el hombre debe dar en prueba de cumplimiento de su contrato algunas gotas de sangre.
En el Brasil, el Diablo tiene suegra; en Honduras el Diablo construyó una Iglesia y así sigue por América en un tuteo con el pueblo.

En Colombia, Antioquía, pide trago: aquí la copla:
Avemaría dijo el diablo
en las puertas del estanco,
si no me dan aguardiente
me les entro y los espanto.
En Venezuela, hasta el siglo pasado, comparsas de diablos formaban parte con sus danzas en la procesión de Corpus Christi.
Hoy día, en muchos sitios de España, enmascarados diablos acompañan la procesión de Corpus Christi.

En Bolivia, tienen vida verdaderas cortes infernales, comparsas de Diablos, en las que no falta la Diabla, presiden el Carnaval de los orureños. Víctor Varas Reyes, que bien los ha estudiado, como personaje clásico, desde la época de la adoctrinación católica del indio como engendro del mal, dice que estos Diablos bolivianos después de danzar franquean las puertas de las iglesias, rezan y entonan cánticos:
Venimos desde el infierno
a pedirte protección
todos tus hijos los Diablos
¡Mamita del Socavón!

Estos Diablos pasan a Chile y acompañan a grupos de danzantes en los santuarios del extremo norte, donde tampoco faltan Diablos chilenos, pero siendo la Diablada boliviana con su vestimenta, máscara espantable y coreografía de mayor valor folclórico-religioso.
La existencia de estos diablos constituye reminiscencias de los Auto Sacramentales y otras antiguas representaciones alegóricas de los misterios de la religión católica.

En Argentina, cabe recordar lo que dice Estanislao del Campo:
Que el diablo es tan guitarrero
Como el paisano más criollo.
Sobre Puentes del Diablo en otros países, se podría confeccionar una larga lista; pero baste el Puente del Diablo, de Suiza, sobre el Reuss; el Puente del Diablo, del Condado de Cardigán, en Inglaterra; el Puente del Diablo, de Martorell, en la provincia de Barcelona y también se le llama Puente del Diablo, al acueducto romano de Tarragona, que mandó construir el Emperador Adriano.
En lo referente a su denominación, en España, en el siglo XVI se le llamaba Guineo y Mozambique, nombres africanos que pasaron a América. Por el siglo XVII, en España y sus Indias, al demonio popularmente se le decía Mandinga, nombre de cierta etnia o nación africana cuyos hijos abundaron en España. Este Diablo, a todas las formas humanas, prefiere la de un negro.

El Diablo es conocido en los pueblos de América, con diversos nombres. En Venezuela, es el Sucio; Puerto Rico, lo llama Juan Calulú, Mandinga y la gente de color lo denomina Cachica. En el Perú, don Ricardo Palma informa, en una de sus "Tradiciones", los siguientes:
Cachano, Carrampempe, Cornudo, Demonio, Maldito, Maligno, Demonio, Patón, Rabudo, Uñas Largas, Tunante.

En Bolivia entre los muchos nombres que tiene en castellano, figura el de Hombre de Fuego, y en aymará y quechua, el de Supay, Supaya.
En el Uruguay, es Mandinga, diablo negro aclimatado por los descendientes de africanos. En Argentina, es conocido por el Malo, Sachoyoj y Pequeño Supay. Los indios del Chaco, lo llaman Ayacuá; en el Paraguay, Aña, Añanga, Mbá é Pochy (Ser furioso, maligno).

En el Brasil, dice Gustavo Barroso, tiene muchos nombres, no se le debe decir nunca su verdadero nombre a fin de no atraerlo. Entre éstos están: Bicho Preto, Bode, Cafeta, Câo, Capa Verde, Capinha, Capirote, Côxo, Dêbo, Droga, Ele, Figura, Fute, Futrico, Gato Preto, Maioral, Malino, Moleque, Pé-de Pato, , Pedro Boltelho, Preto, Porco Sujo, Rapaz, Sapucaio, Tinhoso.
Otro estudios brasileño, Pereira Da Costa, ha registrado los nombres de Arrenegado, Cafure, Cafutinho, Capataz, Demo, Excomulgado, Ferrabrás, Furia, Inimigo, Maldito, Mofino, Nao-sei-que diga, Tisnado, Sujo y Diacho.
 
CHILOÉ

El Trauco
(Thrauco-Chauco-Huelli-Huelle-Pompón del Monte-Cusme

a) Ente parecido a un hombre enano y horrible, su altura no pasa de 84 centímetros. No tiene el uso de la palabra. Su vida la lleva junto a una Trauca (huella), formando su pareja biológica. Junto a sus crías vive feliz. Habita en los bosques, en la copa o en el hueco de un árbol, como en cualquiera pequeña caverna. De la selva toma sus frutos. Se desprende de los murtales con su hachita de piedra, con la que da fuertes golpes a los árboles.

Se viste con traje y sombrero de fibras vegetales, quilineja, una enredadera.

Es preciso evitar al ente, porque si toca la mala suerte de encontrarse cara a cara con él, le suelta inmediatamente un aire, dejándole torcida la boca, jorobado, atontado y mudo. Pero si el ente no ve al ser humano, se le puede observar impunemente. Es enteramente riguroso con los hombres. Parece que con las mujeres no es del todo malo, las atrae.

b) Es brujo, enano, contrahecho y capaz de producir enfermedades en los niños y aun en los grandes, que alcanza a ver. Hay que evitar que él lo mire a uno porque si esto acontece puede quedar paralítico. Y si él roza, como lo hace con los niños, es mucho más grave, ya que su aliento termina con la vida de ellos. Es de mirada, aliento y contacto malsano.

c) Sus pies, sin talón ni dedos, son unos muñones informes; su aspecto es aterrador y espeluznante, y su mirada, como la del Basilisco, mata a la persona que aún no ha reparado en él, o bien la deforma espontáneamente, dejándola con el cuello torcido y sentenciada a morir antes del año. Sin embargo, por una justa compensación, perece, si ha tenido la desgracia de ser avistado primero.

d) Desflora a las mujeres que vagan por las montañas. No vacila en arrojarse al mar en seguimiento de su víctima, hasta sucumbir.

e) Pasa encaramado en los árboles al acecho de las muchachas que se arriesgan a transitar por el paraje. Cuando alguna se acerca, corre hacia ella y se queda mirándola fijamente. La muchacha quiere huir, pero el extraño fulgor de los ojos la retiene. Un doloroso letargo comienza a invadir el cuerpo de la víctima y pronto cae en un alucinante sueño de amor. Cuando despierta, sonríe al verse adornada de hojas. Pero luego advierte que sus ropas y sus cabellos están desordenados. Presa del pánico corre hasta su casa, en donde cuenta que ha visto al Thrauco.



(Versión del Dr. Bernardo Quintana)
Varias son las maneras que tiene el Trauco de manifesar su presencia.
1.- Anuncia su visita a una casa enviando sueños lúbricos a las personas del sexo opuesto y transformándose en esos sueños en un joven de buena presencia.
2.- Hace oír un ruido ensordecedor, semejante al de una tropa de animales bravíos que fueran pasando atropelladamente.
3.- Semeja un hachero que se ocupa de derribar los palos de la montaña.
4.- Se muestra repitiendo en son de fisga, las voces o gritos o golpes de hacha de los labradores, a quienes es difícil convencer de la verdadera causa de estas repercusiones del sonido.
5.- Deposita sus materias fecales en los troncos de los árboles o en los umbrales de las viviendas: todo esto cuando no tiene a bien exhibirse en su propia espantable forma, que es causa de tantos maleficios y desgracias.
Estos maleficios, a más de los enumerados, son las jorobas, la parálisis facial, el tullimiento o dislocación de los huesos, el tortícolis, el decaimiento o dejadez con que algunas veces suele amanecer el cuerpo.
6.- La muerte en corto plazo para el que ha tenido la desgracia de pisar o sólo mirar sus deposiciones.
7.- El malograrse el carbón que se está haciendo en la hornada y el cual al arder en el brasero, chisporrotea sin cesar; lo que se ha debido a que el Trauco lo ha pisado.

Defensas o amuletos contra el Trauco:
1.- Arrojarle un puñado de arena, con el objeto de que él se ocupe en contar los granos, y dé tiempo a los moradores de la casa para ponerse a salvo de sus ataques.
2.- Tirar sargazo o derramar ceniza en las cuatro esquinas de la casa.
3.- Hachar las esquinas de la casa.
4.- Hacer una cruz con dos cuchillos.
5.- Hacer silbar un huiro, alga (cochayuyo).
6.- Contar los sueños que con el Trauco se han tenido.
7.- Pasar por el humo a la persona que haya sido mirada o torcida por él.
8.- Ir arrastrando o azotando el pahueldún, que es el bastón del Trauco. Se dice que él siente en sí los golpes que se descargan sobre el pahueldún.
9.- Quemar las materias fecales del Trauco.
10.- Hacer la necesidad menor en el centro del fogón.
11.- Desmenuzar o frotar ajo entre las manos, porque el olor lo ahuyenta.
12.- Insultarlo en voz alta, si bien en este caso el Trauco se venga golpeando al que le denuesta o dejando sus deyecciones en el umbral de la vivienda.

Muerte del Trauco:

Una vez cogido el Trauco, colgarlo sobre el fogón, donde se convierte en un palo que destila cierto aceite, con que son frotadas, con excelentes resultados, las víctimas de sus maleficios.


El Invunche
(Ivunche-Imbunche-Vuta Macho-Machucho-Chivato de la Cueva)

a) Es un ser humano deforme que lleva la cara vuelta hacia la espalda. Las orejas, la boca, la nariz, los brazos y los dedos torcidos. Anda sobre una pierna por tener la otra pegada por detrás al pescuezo o a la nuca. No tiene la facultad de hablar.

Los brujos convierten a un niño en Invunche, deformándolo desde los primeros meses, practicando con él varias descoyunturas y torcimientos. Lo alimentan con carne de niño recién nacido.

Es una especie de consultor de los brujos y es también instrumento para sus venganzas o maleficios.

El vestiglo habita de preferencia en la Casa Grande o sea la Cueva de Quicaví. Es muy difícil verlo, porque está destinado a la vigilancia de la Cueva. Sale de ella contadas veces, cuando se cambia ésta o ha sido destruida; y en ocasiones cuando necesitan de él, lo sacan y lo van azotando hasta el lugar donde quieren causar el daño, tirar el daño. Durante el trayecto va dando unos chivateos que aterran a los vecinos y les anuncia alguna próxima desgracia; y otras veces lo sacan los brujos para llevarlo a otro distrito, donde debe celebrarse Consejo de Brujos de dos o más jurisdicciones.

b) Es el portero de la Cueva, o sea del hogar de los brujos. Es un hombre transformado, de la manera siguiente: a un niño recién nacido se le lleva a la Cueva. Se le disloca una pierna, a fin de que no le sirva para caminar. Por esta causa el individuo anda después en tres pies (con la pierna sana y las manos). En el período de lactancia el niño es alimentado con leche de gata negra (mujer india). Después se alimenta con carne de cabrito (párvulo) y desde la juventud y durante todo el resto de su vida, se le suministra carne de chivo (carne de adulto). El alimento debe ser servido por los brujos, porque él no debe salir de la Cueva, ya que está obligado a servir de portero. Pero sucede que cuando los brujos se olvidan de llevarle carne humana, sale. Entonces suele ocasionar sustos escalofriantes a la gente que no es bruja, porque como el hombre-bestia no ha aprendido a hablar, lanza balidos como chivato viejo.
 
La Pincoya
 
a) La Pincoya es una sirena o ninfa que a veces anda acompañada por su marido, el Pincoy, ambos son rubios. En algunas ocasiones abandona el mar y excursiona por ríos y lagos.

Su misión es fecundar los peces y mariscos bajo las aguas y de ella depende la abundancia o escasez de estos productos.

Atrae o aleja de la costa a los peces y mariscos.

Cuando un pescador ve de mañana surgir de las profundidades de las aguas a la Pincoya y ésta danza en la playa mirando hacia el mar extendiendo sus hermosos brazos, hay alegría en todos, porque este baile es anuncio de pesca abundante. Si danza mirando hacia la costa, alejará a los peces.

Si la Pincoya no favorece con pesca a un lugar, quiere decir que ha arrastrado la abundancia a otros más necesitados.

Para ser favorecido por la Pincoya, es necesario estar contento, por eso los pescadores se acompañan de amigos y amigas alegres y reidores.

Si se pesca o marisca con mucha frecuencia en el mismo lugar, la Pincoya se enoja y abandona aquel frente, que luego queda estéril.

b) En la hermosa laguna Huelde, ubicada a escasos cuatro kilómetros de Cucao, nació la Pincoya, mujer muy bella y de tez blanca ligeramente bronceada, cabellos de oro y que, de la cintura hacia abajo, tiene la forma de un pez.

Antiguamente habitaba una enorme caverna en forma de salón rocoso y tenía por costumbre bañarse en la laguna y el río Puchanquin. Desde los roqueríos, mediante un suave y prolongado silbido, hacía emerger desde el fondo de las aguas un tronco de oro macizo sobre el cual trepaba y, sentada allí, peinaba sus cabellos. A veces, durante la noche, entonaba embrujadas canciones amorosas, a las cuales nadie podía resistirse.

Muchas personas buscaron a la Pincoya para obtener sus favores, y ella desapareció del lugar para no volver. Se cree que ella fue robada desde la laguna Huelde para llevar prosperidad y abundancia a playas lejanas. Desde entonces, las aguas tomaron el color oscuro que hoy tienen y pese a que muchos han intentado imitar el silbido de la sirena, el tronco de oro aún está sumergido esperando a su hermosa dueña.


Versión de Aníbal Panichine
El Caleuche
(Buque Fantasma-Buque de Arte-Buque de Fuego-Buque de los Brujos-Barcoiche)

a) Es un buque que navega y vaga por los mares de Chiloé y los canales del sur. Está tripulado por brujos poderosos, y en las noches oscuras va profusamente iluminado. Tiene alumbrado y velamen color rojo, por andar tripulado por brujos. Por lo general, en sus navegaciones no cesa a bordo la música. Se oculta en medio de una densa neblina que él mismo produce. Jamás navega a la luz del día.

Si casualmente alguna persona que no sea bruja se acerca, éste se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible. Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas. Se asegura que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y a brincos. Todos son idiotas y desmemoriados para asegurar el secreto de lo que ocurre a bordo.

Al Caleuche no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan al que lo mira volviéndoles la boca torcida, la cabeza hacia la espalda o matándoles de repente, por arte de brujería. El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe procurar que los tripulantes no se den cuenta de su audacia.

Este buque navega cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a participar en ellos con la sola condición de no divulgar lo que ha visto. Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche lo matarían en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él.

Todos los que mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de hacer la navegación submarina y aparecer en el momento preciso donde se le necesita para recoger a los náufragos y guardarlos en su seno, que les sirve de eterna mansión. Cuando el Caleuche necesita reparar su casco o sus máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, en las altas horas de la noche, procede al trabajo.

b) Es el buque de los brujos, que anda por debajo de las aguas en el mar. Este buque arriba de preferencia a tres puertos que son: Llicaldac, Tren-Tren, en la costa del departamento de Castro, y Quicaví, donde está la Cueva y la Corte del Rey de los brujos. El Rey de la Cueva abandona su caverna y monta en un Caballo Marino, que avanza con más velocidad que el Caleuche, para cruzar las olas y subir a su barco de los espíritus.

c) El Caleuche tenía por esposa una loba, que fue muerta por unos pescadores en la Isla de Tenglo, frente a Puerto Montt. Muy enojado el Caleuche por esto, juró vengarse, mandando a Puerto Montt grandes males, y robándose la niña más bonita del puerto. Se sabe que los males fueron erupciones del volcán Calbuco y unos incendios que consumieron propiedades.

d) Hace algunos años salió de la villa de Chonchi una esbelta chalupa tripulada por varios vecinos y dirigida por un joven muy conocido, hijo de un respetable habitante del lugar.

La chalupa no volvió más. Cuando al padre se le comunicaron los temores que había en el pueblo de que la embarcación hubiera naufragado, se limitó a sonreír de una manera extraña y significativa. Aquella sonrisa fue para los inteligentes una revelación: el hijo, a no dudarlo, se hallaba en salvo y seguro a bordo del Caleuche.

Desde ese día el padre comenzó a enriquecer rápidamente, y varias noches se oyó arriar cadenas al pie de la casa del afortunado comerciante: era el Caleuche que desembarcaba furtivamente en la playa cuantiosas mercaderías.

Cuando un comerciante hace una rápida fortuna, es porque mantiene ocultas relaciones con el Caleuche.
Versión de Oreste Plath


Como nacio la Papa
 
La papa cultivada en la isla por los indígenas antes de la conquista española nació cuando un rey indio quiso sorprender el amor de dos dioses. Fue castigado, hundido bajo tierra. Como símbolo y anatema de su morbosa curiosidad, le crecieron miles de ojos ciegos.

Para que se den las papas grandes y abundantes, se recurre a unas piedras que existen en la isla, llamadas nillahuinllin, que se restregan en el agua que las riega.

La quepuca, es otra piedra caliza cuyas raspaduras, fecundan los terrenos. Dicha piedra es raspada o frotada por personas conocidas como brujos o curiosos. Cuando el papal comienza a fructificar, se le ofrece a la quepuca flores de la papa, las cuales son quemadas antes de la salida del sol.

Para malograr una cosecha de papas, se saca una del plantío y se arroja al río, cuidando de poner en el lugar una piedra.


Versión de Oreste Plath
 
 
 
Brujos

(Calcu-Nochero-Pelapecho)

El aprendizaje para ser brujo se comienza desde la infancia, lo que se realiza en forma secreta y las pruebas son cruentas.

Una de gran importancia es la de ir a una catarata en medio del bosque o montaña, para bañarse durante cuarenta noches consecutivas, con lo que se cree extirpar el bautismo.

Dada la prueba de suficiencia se titula y se queda incorporado a la Gran Asociación que le impone obligaciones.

En primer término, el secreto de no decir a nadie que es brujo, porque haciéndolo antes del año tendría la muerte como sanción. Tampoco deberá robar. Su magia no puede servirle para apropiarse de lo ajeno, aunque tenga extrema necesidad.

Su alimentación es severa y debe respetarse. Las comidas que se disponen son harina de trigo tostado, carne de ave, vacuno y cordero. Les está prohibida la sal.

Los brujos se transforman en especies animales: perros, gatos, lechuzas, caballos y hasta en pájaros.

Embrujan a las personas, las llevan de un lugar a otro e imponen el mal.

El brujo que se distingue en su carrera es ascendido a artillero por la Mayoría. El artillero es una especie de verdugo que ejecuta la pena de muerte sentenciada por la mayoría de los asociados. En cada Mayoría existen varios artilleros.

Entre los más valiosos elementos para practicar el arte de la brujería está el Macuñ, que es un chaleco hecho de piel de difunto, confeccionado de la parte del pecho del ser y que se utiliza a manera de farol.

El Macuñ es alimentado con aceite humano para alumbrarse en las noches. Cada brujo debe obtener este aceite.

Este chaleco no tiene espalda y se ata con cordones a ella. Mientras no se usa, el Macuñ se enrolla. Si se le desdobla grita thrac, salta, y vuelve a enrollarse, infundiendo así profundo miedo al limpio que se ha atrevido a tocarlo.

Cuando el brujo sale a volar se coloca el Macuñ para alumbrarse el camino. Si quiere quedar a oscuras, baja el poncho, con el cual siempre se cubre.

El Chayanco es un espejo que les sirve a los súbditos de Satanás, para determinar y señalar a su cliente. Este instrumento lo usan los mandatarios de los brujos para ver si han dado el llancazo a la persona indicada.

El llancazo es la enfermedad lanzada o mal-tirado. Este es el maleficio que hace el brujo.

Previo al llancazo está la operación de sajar. El brujo manda a practicar una pequeña incisión a la futura víctima de mal malo que se llama sajar. Es un estudio previo de la sangre para resolver en favor o en contra del maleficiado.

Cuentan con ayudantes, secretarias, la Voladora, mujer que vuela y les sirve de mensajera. En cuanto cumple su misión se dice que lleva el duam.

El palacio de la brujería en Chiloé, donde se celebran grandes aquelarres, es la Cueva de Quicaví. Esta cueva tiene cuidadores, porteros, los Invunches, seres contrahechos que conocen a los dignatarios y magnates del reino infernal.

Versión de Oreste Plath


 
Piedra de los lobos


En Dalcahue (Chiloé) hay una inmensa y negra mole: la Piedra de los Lobos. El nombre le viene porque los días de sol los lobos salen a gozar de él, recostados en la peña.

Se cuenta que esta piedra cubre grandes tesoros. En las noches tempestuosas se ven luces, suenan campanas y se sienten gemidos espantosos. Dicen que quien ha presenciado esta macabra visión, pierde la cabeza y echa a correr como alma en pena.
 
 
Cueva de Quicaví

En Chiloé está la Casa Grande o Cueva de Quicaví. Aquí habita el Supremo de los Brujos, rodeado de cuanto aparejo de brujería se necesita y en especial de un aparato que revela el pasado, el presente y el futuro, y cuanto desee conocer el que consulta al Supremo Gobernador de los Brujos; del macuñg, chaleco luminoso que llevan los brujos por las noches y les sirve para volar; el macuñg es hecho de piel humana. Los brujos, cuando desean quedar a oscuras, se bajan el poncho y si quieren luz, se suben el poncho.

Junto a los menjurjes, al instrumental que necesita el arte, está el Imbunche, ser humano que se sostiene en un pie y el otro lo lleva pegado a la espalda; por esta causa, anda a saltitos. Tiene los brazos torcidos y la cara vuelta hacia atrás. Las orejas, la boca, las narices y los dedos también son torcidos. No habla, bala como un chivato, pero en una forma extraordinaria. Recibe también el nombre de Chivato de la cueva.
Para lograr esta figura humana, los brujos emplean un niño de corta edad, y a medida que va creciendo se le acomodan los órganos hasta que quedan dispuestos para su finalidad. Lo alimentan con carne y sangre de niño recién nacido. Es muy difícil verlo, porque está destinado a la vigilancia de la cueva. Unicamente sale cuando ésta se cambia o ha sido destruida. Generalmente, es llevado en hombros, cuando hay traslado. En la cueva es una especie de secuestrado y quizás a esto se deba que ha perdido la facultad de hablar.

Cuando los brujos lo sacan de la cueva para hacer daño, durante el trayecto va gritando y sus gritos anuncian desgracia a los vecinos.
El Imbunche, o Invunche, es, también Vuta o Vutamacho y algunos lo llaman Machucho, pero lo describen como un animal que bala como cabro y que anda con las dos manos y un pie, únicamente por la noche. Aseguran que es más o menos del tamaño de un chivato.

La Voladora es una bruja-correo, que para emprender vuelo, deja sus tripas en una artesa de alerce.
Ella simula una Bauda, o sea el Guairabo, y su grito es idéntico al de estas aves.
La Voladora sólo puede volar de noche.

 
Instrumentos Musicales Tradicionales de Chiloe
 
Rabel (cordófono).- Es un pequeño violín, con algunas variantes y se confecciona en la zona de alerce y avellano. Tiene tres cuerdas y para tocarlo se coloca apoyado en la rodilla izquierda y descansando sobre el hombro, frotando sus cuerdas con el arco curvo que pulsa la mano derecha. Se diferencia del violín en que su puente se apoya directamente sobre el fondo a través de un orificio, haciéndolo vibrar.

Los Rabeles de Chiloé son íntegramente hijos del medio desde el arco, la caja y las cuerdas. Muchas veces son realizados por los mismos ejecutantes. Se toca en fiestas, en velorios o acompaña a los cantores y poetas populares.
Violín (cordófono).- La forma de la caja y las perforaciones no son las clásicas del violín. Los cortes laterales semejan una media luna. Consta de cuatro cuerdas. Generalmente, lleva la melodía, la que se acompaña por Guitarra y Bombo.
Suelen tener incrustaciones de conchaperla y otros materiales.
"Barraquitos", llamaron a unos antiguos violines de tripas de carnero.
Guitarra (cordófono).- De fabricación casera, se habla en la región de Vihuela.

Tambor (membranófono).- Los construyen los chiloenses para sonarlos en sus ruidosas fiestas. En las procesiones aparecen las bandas, compuestas de Caja, Caja redoblete, Bombo, Tambor, Flauta y Pitos de bronce y madera.
Bombo (membranófono).- Se caracteriza en que es más pequeño que los que se usan en el Norte Grande y Norte Chico, pero semejante en su estructura.
Matraca (idiófono).- Es un instrumento compuesto de un tablero y una o más aldabas que al sacudirlo produce ruido, se usa en algunas capillas para convocar a maitines, en Semana Santa, y en fiestas populares donde participan conjuntos formados por violinistas y tamboreros.
Chiloé tiene una importante tradición musical religiosa, presente en los cánticos de novenas, misas, procesiones, oraciones colectivas, velorios.
 
Charranco (idiófono).- Quijada de caballo.
 
Acordeón Piano (aerófono).- Por el teclado.

Acordeón de Botones (aerófono).- Por los botones. A ésta algunas veces la llaman "Cordión".
Tanto la Acordeón Piano como la de Botones es instrumento de incorporación y de gran popularidad.
 
 
ZONA AUSTRAL

Ciudad de los Cesares
Existiría en el sur de Chile, en un lugar de la cordillera de los Andes que nadie puede precisar, una ciudad encantada, fantástica, de extraordinaria magnificencia. Estaría construida a orillas de un misterioso lago, rodeada de murallas y fosos, entre dos cerros, uno de diamante y otro de oro. Posee suntuosos templos, innumerables avenidas, palacios de gobierno, fortificaciones, torres y puentes levadizos. Las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, lo mismo que el pavimento de la ciudad, son de oro y plata macizos. Una gran cruz de oro corona la torre de la iglesia. La campana que ésta posee es de tales dimensiones, que debajo de ella podrían instalarse cómodamente dos mesas de zapatería con todos sus útiles y herramientas. Si esa campana llegara a tocarse, su tañido se oiría en todo el mundo. Existe también allí un mapuchal (tabacal de la tierra) que no se agota jamás.

Sus habitantes son de alta estatura, blancos y barbados; visten capa y sombrero con pluma, de anchas alas, y usan armas de bruñida plata.
Los habitantes que la pueblan son los mismos que la edificaron hace ya muchos siglos, pues en la Ciudad de los Césares nadie nace ni muere. Nada puede igualar a la felicidad de sus habitantes. Los que allí llegan pierden la memoria de lo que fueron, mientras permanecen en ella, y si un día la dejan, se olvidan de lo que han visto.
No es dado a ningún viajero descubrirla, "aun cuando la ande pisando". Una niebla espesa se interpone siempre entre ella y el viajero, y la corriente de los ríos que la bañan, alejan las embarcaciones que se aproximan demasiado.
Para asegurar mejor el secreto de la ciudad, no se construye allí lanchas, ni buques, ni ninguna clase de embarcación.
Algunas personas aseguran que el día Viernes Santo se puede ver, desde lejos, cómo brillan las cúpulas de sus torres y los techos de sus casas, de oro y plata macizos.
Según la leyenda, sólo al fin del mundo se hará visible la fantástica ciudad; se desencantará, por lo cual nadie debe tratar de romper su secreto.

(Versión de Oreste Plath)
* Notas Complementarias:

La Ciudad de los Césares tiene estrecha relación con el mito español de La Ciudad de Jauja, y en América con Las Siete Ciudades de Cibola, siete ciudades fabulosas que habrían estado situadas en lo que después se llamó Nuevo México; la Gran Ciudad del Dorado, situada sobre las márgenes de un lago, la laguna Guatavitá, llena de palacios y de templos, y dueña de montañas de oro; el País del Rey Blanco o Sierra de la Plata, país soñado o entresoñado por su riqueza de oro y plata. Se ubica en el Perú de los incas y en las minas de Charcas; el Pueblo de Mbororé, leyenda brasileña que presenta a un pueblo con casas sin puertas ni ventanas, cuyas casas con entradas subterráneas guardaban inmensos tesoros.
1. Esta ciudad intranquilizó el sueño de los conquistadores españoles que llegaban al Río de la Plata, venían del Perú o estaban en Chile. El nombre de Ciudad de los Césares le vendría por el Capitán Francisco César, a quien Sebastián Caboto comisionó hacia el sur del territorio argentino para que reconociese nuevas tierras, allá por el año 1572.
Entre las expediciones militares que han buscado la Ciudad a través de la pampa, se encuentran las llevadas a cabo desde el suelo argentino por Hernando Arias de Saavedra, que sale de Buenos Aires en 1604, y Gerónimo Luis de Cabrera, que lo hace desde Córdoba en 1662.
Desde Chile la han buscado el capitán Diego Flores de León, que llegó hasta el lago Nahuel-Huapi y los evangelizadores Luis de Valdivia, Diego Rosales, Nicolás Mascardí y Francisco Menéndez. Los grandes cronistas de esta Ciudad Encantada de la Patagonia son el padre Diego de Torres, el padre José Gardiel, el padre José Guevara y el padre Pedro Lozano.
 
 
Aysén

El cerro de la mano negra
 
 
Un cerro de Coyhaique tiene antes de llegar a la cumbre, estampada una mano negra, la que apareció después de que un hombre se tendió a dormir, sobre su manta a media falda del cerro.

El hombre sintió que se hundía, que la tierra se lo tragaba y en su desesperación comenzó a levantar los brazos queriendo asirse a algo para levantarse y profiriendo espantosos gritos.

En su angustia estiraba la mano temblorosa, quería aferrarse, pero se sumió. Y esa es la mano de él, que refleja una mano hecha de terror.


La cascada de la Virgen
Es una cascada que es fiel representación de una virgen con su manto que todos ven con ojos azorados.

Otros con ojos afanosos descubren capiteles de claustros y de iglesias; y admiran la policromía de los vidrios de los ventanales.
 

 
Magallanes
La flor de hielo
 
 
En ciertas cumbres de la cordillera, entre los hielos eternos, crece una curiosa flor que los ovejeros buscan como trofeo para sus mujeres o novias. Una campesina antes de aceptar en matrimonio a un joven ovejero, le puso como condición que le trajera la flor, como prueba de su cariño. El joven fue en busca de la flor, pero no regresó, murió en la empresa. Desde entonces, las mujeres no permiten que sus seres queridos vayan en busca de esta flor.

El dedo del Indio Patagon
 
 
Es costumbre tocar o besar el dedo del pie del indio que adorna el monumento a Magallanes, como buscando felicidad. ¿Por qué ocurre esto?

Cuenta la leyenda que un avezado marino español que estaba sentado una noche cavilando frente al monumento de Magallanes, de improviso fijó su atención en el fornido indio patagón que adorna la estatua y se le ocurrió tatuarse en el pecho esta figura. Buscó un especialista y el artista puso manos a la obra, que resultó una perfección. El tatuaje parecía cobrar vida a cada movimiento del marino, los ojos parecían mirar y le temblaban las mejillas. Lo que más llamaba la atención era el dedo gordo del pie que se movía como con vida propia a cada movimiento de la piel.

Terminado el trabajo, se acercó a un espejo y rió satisfecho. Consultando in mente si sus empresas tendrían éxito, vio que el dedo gordo del indio se agitaba afirmativamente. Feliz fue hacia el puerto a embarcarse. Al pasar por el monumento se detuvo junto a la figura del indio, y golpeándose el pecho exclamó: "Aquí te llevo, amigo. Quiero ser tan fuerte como tú, y que no me entren balas". Y cogiéndole el dedo gordo del pie, le dio un sonoro beso, diciendo: "Ayúdame, dame suerte".

Meses después el marino regresó a Punta Arenas, radiante de alegría y contaba que todo le había resultado bien.

Y es por eso que ahora, quienes pasan frente a la estatua tocan el dedo del pie del indio, como implorando para ellos su protección y ayuda. Y los viajeros lo besan y le piden un pronto regreso.


Animita del indio desconocido
Esta versión del proceso de la "Animita" del Indio Desconocido, está tomada en parte de una investigación que realizara Caba, Carlos Baeriswyl y publicada en el diario "El Magallanes", de Punta Arenas.

"En 1928 los habitantes de Punta Arenas observaban atónitos un fabuloso trozo de mármol blanco, traído desde la isla Cambridge, actualmente denominada Diego de Almagro. El descubrimiento tomó mayores proporciones con la formación de la Compañía de Mármoles Cambridge, que se encargaría de extraer esta fantástica riqueza.

La isla Diego de Almagro estaba poblado por pequeños grupos de alacalufes que vivían de la recolección de mariscos y del paso de los buques hacia el Estrecho de Magallanes. Al inicio de mayo de 1929, con el primer viaje de la goleta ‘Manolo’, se daba comienzo oficialmente a los trabajos de explotación marmolífera. Para evitar posibles robos o desmanes por parte de los aborígenes, fueron dejados en la isla dos empleados de la compañía, M. Kravient, de nacionalidad rusa, y un chilote llamado David Leal. Se construyó un pequeño embarcadero y se montó provisoriamente un campamento a orillas de la costa en la bahía Sewtt. Mientras tanto, la goleta regresaba a Punta Arenas en busca de los trabajadores y del material restante.

Los días de espera para ambos cuidadores fueron largos y tediosos, la lluvia fue incesante, era muy difícil encender fuego dado que la madera de la isla está siempre empapada, los únicos compañeros de hábitat eran los alacalufes que no cesaban de merodear.

El 6 de mayo de 1929, mientras Kravient y Leal descansaban en su carpa de campaña, de improvisto y sin provocación alguna, fueron atacados por un grupo de aproximadamente 12 alacalufes, quienes dispararon con un arma de fuego sobre la carpa. Leal cayó abatido recibiendo un impacto en el cráneo. El ruso, tomando su arma de fuego logró repeler el ataque momentáneamente, dejando mal herido a uno de los indígenas. Al cabo de algunos minutos se presentaron nuevamente los indios, esta vez visiblemente más decididos y Kravient se vio obligado a huir hacia el interior de la isla, dejando a su compañero a merced de los alacalufes.

Poco menos de un mes de penurias tuvo que soportar Kravient escondido en el interior de la isla esperando el arribo de la goleta que llegó a ese puerto el día 5 de junio. El técnico de la compañía, Aristóteles Carozzi, y el mecánico Fructuoso Muñoz López, fueron los primeros en llegar al lugar de los hechos. Estos declararon que el cadáver de un indio se encontraba sentado, vestido con ropas del ruso y con un jockey; las aves de rapiña le habían mutilado una pierna; en tanto el cadáver de Leal se encontraba sumergido a pocos metros de la costa, atado con alambres de pies y cabeza a un trozo de mármol.

Los trabajadores de la nueva compañía, que habían llegado en ese viaje para comenzar las faenas, fueron los encargados de realizar el entierro en un lugar cercano a la bahía Sewtt. El ruso Karvient, visiblemente afectado por la espera, no quiso asistir al improvisado sepelio.

Al regreso de la goleta "·Manolo" el hecho sangriento fue comunicado a las autoridades marítimas de Punta Arenas por el ingeniero jefe Doimo Cettineo. La autoridad ordenó las diligencias legales correspondientes, y más tarde, aprovechando la gira de inspección que realizaba por los canales el escampavía "Porvenir", el día 4 de agosto, dos agentes del grupo de investigaciones de Carabineros de Magallanes, Alberto Sepúlveda y Daniel Larenas, desembarcaron en la isla procediendo a exhumar los cadáveres, labor que les ocupó prácticamente todo el día. Hubo que forrar los rústicos cajones con latas de parafina para así poder embarcarlos en el escampavía.

El día 9 de agosto atracó en Punta Arenas el "Porvenir", enviando de inmediato el singular cargamento a la morgue local. Los antecedentes legales fueron remitidos al juzgado de Puerto Natales, ya que la isla Cambridge correspondía a esa jurisdicción. Extrañamente, la orden para realizar las autopsias se hizo esperar hasta el día 28 de agosto. La autopsia fue efectuada por el médico legista Alvaro Sanhueza, y el resultado de ella fue el siguiente: David Leal, chileno, occipital con la respectiva perforación en la región craneana, el proyectil resultó ser de un revólver.

El indio, bautizado bajo el nombre de Pedro Zambras, alacalufe, no presentaba demostraciones aparentes de herida a bala, siendo muy difícil precisar otro tipo de lesiones, ya que los cuerpos se encontraban en avanzado estado de descomposición. Causa presunta de la muerte: inmersión.

El mismo día de la autopsia, fueron colocados los restos de ambos en un solo ataúd, debido a que nadie reclamó los cadáveres. El cementerio donó la sepultura 17-If-14 C. 12 norte.


Animita
La sepultura no contó con lápida. Más tarde, alguna alma piadosa colocó un mármol en donde se leía "Indio Desconocido".

Comenzaron a aparecer algunas velas encendidas y dinero que los creyentes depositaban. La gente atribuía al "Indio Desconocido" gracias milagrosas, poco a poco la creencia fue propagándose.

Cantidades de placas certificaban favores concedidos. Agradecimientos por la salud recuperada, solución a asuntos familiares, sentimentales, económicos:

Gracias indiecito desconocido por haberme escuchado mis ruegos.
Marisol.
Gracias indiecito por haberme concedido mi promesa.

En el año 1967, doña Magdalena Vrsalvic, magallánica, viajera internacional, ubicó en un rincón del cementerio la tumba del "Indio Desconocido", que sabía tenía fama de milagroso; teniendo un problema rezó y solicitó su ayuda, y se produjo el milagro. Quedó en sus planes hacerle una hermosa tumba.

Comenzó su campaña, se vinculó con la prensa, con la Armada, logró interesar a la Cruz Roja para construirle una tumba monumental y una estatua al indio desconocido.

El proyecto se hacía realidad. La Armada obsequió el bronce, y la figura de un indio tamaño natural fue encargada al escultor Edmundo Casanova, luego fue vaciada en los talleres de Indumetal; la Cruz Roja adquirió un lugar central en el cementerio a pocos metros de la entrada principal, entre pinos cónicos.

Posteriormente se ordenó la exhumación de los restos de la fosa 17-If-14 C. 12 norte, encontrándose con la gran sorpresa que en el féretro existían dos osamentas.

Así las cosas, no quedó otra cosa que colocar ambos bajo la tumba que se conoce del "Indio Desconocido".

El 18 de diciembre de 1969 se instala oficialmente la escultura de un recio mocetón desnudo, y sobre la base en que se yergue, este epitafio, solicitado el poeta magallánico José Grimaldi:
El indio Desconocido llegó
desde las brumas de la duda
histórica y geográfica.
y yace aquí cobijado en el
patrio amor de la chilenidad.

La Cruz Roja colocó una alcancía para recoger los dineros que los creyentes depositaban, erogaciones que le servían para fines benéficos.

La devoción popular se canalizó hacia esta Animita, que es visitada por personas que vienen desde lejos como de cerca, del país como del extranjero, y compensan favores con ofrendas como rosarios, y collares que colocan en su cuello.

En el año 1983 la Alcaldía de Punta Arenas intentó modificar la ubicación del conjunto. La idea era trasladarlo más al interior, por constituir un peligro la cantidad de velas encendidas. Esto bastó para que se produjera una gran polémica logrando así evitar el traslado. Doña Magdalena Vrsalvic sugirió en esta ocasión sacar al "indiecito" del cementerio y colocar su tumba en una plaza pública para que así la gente tuviera acceso a toda hora.

Pero en el mes de marzo de 1984 la autoridad edilicia determinó su traslado al sector oriente, a un conjunto arquitectónico en que el indio es la figura central y las placas quedaron mejor distribuidas.

Miles de personas rinden tributo al "Indiecito Desconocido", aunque es el Día de Todos los Santos se acrecientan las visitas.